La vida productiva

Las promesas y propuestas del candidato ganador de las elecciones presidenciales pasadas, hace poco, dieron un salto dialéctico. Se convirtieron en las promesas y propuestas del Gobierno.

Dos sectores serán los más favorecidos cuando se implementen esas propuestas: los jóvenes y las personas mayores adultas.

Eso se traduce en la mayoría del pueblo dominicano que espera por un primer empleo, en el caso de los jóvenes; y de un empleo en el sector formal, si se trata de personas mayores adultas, que viven de jornadas inhumanas, vendiendo productos y servicios en calles y avenidas.

Si la falta de empleo los lleva a delinquir y son apresados, cosa que ocurre con una inmensa minoría, no hay en las cárceles programas que ayuden a los internos a superar con programas de formación lo que la falta de estudios no impidió cuando eran hombres libres.

El drama es peor cuando se trata de menores recluidos. Porque se hacen jóvenes tras las rejas.

No estudian. No hay en esos centros verdaderos programas que incentiven a un cambio drástico de conducta.

Salen libres y no encuentran trabajo; y, peor aún, se unen a la multitud de jóvenes que esperan que se hagan realidad las promesas y las propuestas del Gobierno.

En ese círculo vicioso, esperando una oportunidad en la vida productiva, pierden a diario la esperanza, y la libertad por la tentación, muchos jóvenes dominicanos.

Ese círculo solo se quiebra si el gobierno, ciertamente, hace, y cuanto antes mejor, lo que nunca se ha hecho en el país para la creación de fuentes de trabajo.