La Victoria y la memoria de la ciudad

Víctor Féliz Solano
Víctor Féliz Solano

La decisión sobre el futuro de la cárcel de La Victoria abre una discusión mucho más profunda que la de una simple infraestructura penitenciaria. Nos obliga a preguntarnos qué hacemos con los espacios que han marcado la historia de nuestras ciudades y qué importancia le damos a la memoria colectiva cuando llega el momento de transformarlos.

Pienso que las ciudades deben tener un relato que les otorgue identidad a través del tiempo. No basta con construir nuevas avenidas, torres o centros comerciales. Una ciudad también necesita conservar los lugares que cuentan su historia, incluso aquellos asociados a episodios difíciles o dolorosos. Son precisamente esos espacios los que permiten comprender cómo hemos evolucionado como sociedad.

La Victoria forma parte de la memoria nacional. Durante décadas fue escenario de miles de historias humanas, algunas trágicas, otras de redención, muchas vinculadas a las debilidades y fortalezas de nuestro sistema de justicia. Entre esos muros transcurrió una parte importante de la historia social dominicana. Pensar que todo puede desaparecer sin dejar rastro sería desperdiciar una oportunidad de preservar una parte de nuestro relato colectivo.

Uno de los problemas históricos de nuestras ciudades ha sido la falta de criterio al momento de tomar decisiones sobre espacios con valor simbólico. Con frecuencia confundimos modernización con demolición. Derribamos, sustituimos y reconstruimos sin detenernos a pensar en el significado histórico de lo que estamos perdiendo.

ctuamos como si la memoria fuera un obstáculo para el desarrollo, cuando en realidad es uno de sus componentes más importantes.

Las grandes ciudades del mundo han entendido que su patrimonio no se limita a monumentos heroicos o edificios hermosos. También incluye fábricas, estaciones de trenes, mercados, hospitales, puertos, fortalezas y hasta antiguas cárceles. Muchos de estos espacios han sido transformados en museos, centros culturales o lugares de reflexión histórica que hoy forman parte de la identidad de sus comunidades. Lejos de representar una carga, se han convertido en activos culturales, educativos y turísticos.

Por eso, una parte de La Victoria debería preservarse como museo o centro de interpretación histórica. No para glorificar el encierro ni para romantizar el sufrimiento de quienes pasaron por allí, sino para documentar una etapa importante de nuestra historia, educar a las futuras generaciones y fortalecer la memoria de la ciudad y del país. Cada celda, cada patio y cada corredor podría servir para contar historias sobre la evolución del sistema penitenciario, la justicia, los derechos humanos y la sociedad dominicana.

Las ciudades son mucho más que concreto. Son sus relatos. Son las historias que guardan sus calles, sus parques y sus edificaciones. Son los recuerdos que permiten que una generación le explique a la siguiente quiénes fueron sus antepasados, cuáles fueron sus luchas y cómo lograron construir el presente.

El desarrollo es necesario. La transformación urbana también. Pero ambas cosas deben convivir con la preservación de aquellos espacios que ayudan a explicar quiénes somos y cómo llegamos hasta aquí. Porque una ciudad que olvida su historia corre el riesgo de perder su identidad. Y una ciudad sin identidad termina siendo simplemente un conjunto de edificios sin alma, incapaz de contar su propia historia.

La Victoria nos ofrece una oportunidad extraordinaria para demostrar que es posible avanzar sin borrar las huellas del pasado. Ojalá tengamos la sabiduría de aprovecharla.