La UASD, ayer, hoy y mañana
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), por ser la primera universidad establecida en el continente americano, y por estar impartiendo docencia desde 1538, debía ser la universidad más prestigiosa y de mayor nivel académico en nuestro continente, sin embargo, no aparece en el índex de las 250 principales universidades del continente.
Recuerdo que corría el año 1973 cuando decidí inscribirme en la UASD para intentar alcanzar un título universitario, y durante mi primer semestre sólo pude ver huelgas, disturbios, movilizaciones, enfrentamientos, tiroteos, bombas lacrimógenas y estudiantes corriendo (incluido yo) perseguidos por implacables tropas policiales que disparaban proyectiles de plomo, bombardeaban gases lacrimógenos y apresaban a todo joven que con cara de estudiante anduviese en el área.
En ese entonces la docencia para el aprendizaje era prácticamente nula, y la escasa docencia impartida no era mala, sino pésima. Y puedo recordar que nuestro profesor de matemáticas no sabía absolutamente nada sobre esa asignatura, copiaba en la pizarra desde un cuaderno que portaba, y cada vez que algún estudiante preguntaba de donde salía tal expresión, o tal ecuación, decía "eso viene más tarde" y el más tarde nunca llegó. Nadie aprendió nada de nada, ni siquiera el profesor.
Aquel semestre de caos, desórdenes y cero aprendizaje fue más que suficiente para mi, y decidí recoger mis escasos cuadernos y marcharme de nuevo a Navarrete, para ingresar en 1974 a la Universidad Católica Madre y Maestra, donde 5 años más tarde, y gracias a dos créditos educativos, salí graduado como uno de los primeros 13 geólogos formados en nuestro país, en una graduación especial y exclusiva para 13 jóvenes geólogos, y que fue encabezada por el presidente de la República, Antonio Guzmán Fernández, por el cardenal Octavio A. Beras Rojas y por Don Rafael Herrera. Tremendo honor para ese pequeño grupo de graduandos.
Después de haber estado en la UASD y en la PUCAMAIMA, y después de haber vivido ambas experiencias, pude ver la gran diferencia entre un campus universitario utilizado para fines políticos ajenos a la docencia y ajenos a la excelencia académica, y un campus universitario concebido para impartir docencia al más alto nivel y para formar a brillantes profesionales al servicio de la patria, porque todo estudiante quisiera ser un brillante y exitoso profesional.
Reconozco que muchos estudiantes de la UASD entienden que sus actividades políticas internas persiguen formar a los estudiantes para que ayuden a construir una mejor sociedad, pero creo que el camino seguido no es el correcto, porque la mejor forma de ayudar a construir una mejor sociedad es formando a brillantes médicos, ingenieros, arquitectos, abogados, economistas, educadores, agrónomos, geólogos, hidrólogos, geotecnistas, sismólogos, ambientalistas, físicos, químicos, etc., etc. , y que todos tengan alto nivel académico y sensibilidad social.
La UASD ha estado transitando un camino difícil, y sus autoridades, sus profesores y sus estudiantes deben reflexionar al respecto, porque lo que vimos el pasado viernes 20 de julio, en horas de la tarde y de la noche, no tiene ninguna explicación académica, ni tiene justificación política, porque nada justifica el desorden, el caos, la quema de automóviles ajenos, la rotura de cristales y puertas; y al ver esas caóticas escenas recordé mi semestre perdido de 1973.
La UASD requiere urgentemente comenzar un proceso de re-ingeniería interna, y convertir a esa alta casa de estudios en una de las más importantes y prestigiosas universidades del país y del continente, pero tiene que ser más eficiente, con menos dinero, y eso implica sentarse a rediseñar sus programas, sus criterios y sus altos gastos.
La UASD que ayer pedía medio millón de pesos de presupuesto, hoy gasta 4 mil millones de pesos anualmente, aunque pide 5 mil millones de pesos y aspira al 5% del presupuesto nacional, pero esa inversión no se corresponde con el promedio de 7,000 profesionales que la universidad entrega anualmente a la sociedad, los que hoy nos cuestan unos 570,000 pesos cada uno, y si vemos el costo y la calidad de muchos profesionales egresados de la UASD, encontramos que salen más caros y menos formados que muchos profesionales de universidades privadas, y esto no debe ser entendido como una ofensa, sino una reflexión para mejorar esa institución.
Vistas así las cosas, si la UASD no se reorganiza terminará colapsando, pues para el país resultaría más conveniente escoger a los mejores bachilleres y becarlos en las mejores universidades nacionales o extranjeras, y en los mejores institutos técnicos, para luego incorporarlos al desarrollo del país, y resultaría menos costoso y más productivo.
Si la UASD quiere sobrevivir no debe seguir abriendo tantos centros regionales, porque eso atomiza sus esfuerzos, aumenta sus gastos administrativos y operativos, y reduce la calidad de sus egresados.
Ser la universidad del pueblo quiere decir que los buenos estudiantes del pueblo tendrán allí acceso a una educación gratuita, y de alto nivel, para convertirse en excelentes profesionales al servicio del pueblo.
Por eso la UASD debe poner un filtro muy fino para tamizar el ingreso de estudiantes y de profesores, debe tener un límite por carrera profesional, debe abrir nuevas carreras técnicas requeridas por la sociedad, y debe exigir un índice académico mínimo para seguir estudiando gratuitamente.
La UASD no gana nada con tener 185,000 estudiantes cursando distintas carreras, la mayoría de los cuales nunca se gradúa, y muchos de los que se gradúan con bajo nivel académico luego no encuentran trabajo y se van para Puerto Rico, New York o Europa, y terminan siendo bodegueros, taxistas, obreros de factorías, porteros, conserjes, vigilantes, camioneros, ayudantes de talleres, etc., y ser obrero crea una gran frustración en cualquier profesional ya graduado, siendo más conveniente formar técnicos de corto plazo y de bajo costo, en distintas ramas, y que esos técnicos sirvan al desarrollo y al progreso de nuestro país, y tengan un alto nivel de vida y de satisfacción personal en su propia tierra.
Si la UASD quiere sobrevivir no debe seguir por el camino que transita.
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