La tragedia de Oslo
El mundo condenó enérgicamente el doble atentado ocurrido en Oslo, Noruega; y permanecerá consternado mucho tiempo por el dolor humano que dejó a los familiares de los que perdieronla vida.
Un brazo de solidaridad se abraza a todos los habitantes de Noruega; y ora el mundo, desde sus más apartados rincones, junto a los familiares de las víctimas, no solo por lo que acaba de acontecer, sino para que hechos como esos no ocurran jamás.
En total 76 personas perdieron la vida en los dos ataques que han sacudido a la pacífica sociedad noruega.
Un acto de fanatismo, de un hombre que descargó toda su ira y su perturbación, sin razón aparente, contra ciudadanos y, particularmente, contra decenas de jóvenes que perdieron la vida.
El papa Benedicto XIV y todos los líderes mundiales enviaron mensajes de solidaridad a Noruega; y desde los lugares y ciudades más apartados del país recibe Oslo cientos de personas que peregrinan para rendir tributo a las víctimas; y consolar en su inmenso dolor a sus familiares.
Se trata, sin maquillar mucho las cosas, de un crimen contra la humanidad. Y bajo esos cargos deberá responder él o los responsables. La justicia de Noruega debe actuar de manera drástica y ejemplar.
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