La sociedad de riesgos

La sociedad de riesgos

La sociedad de riesgos

Daris Javier Cuevas

En la sociedad actual se vive de manera habitual bajo el modelo del desenfreno, caracterizada por no tener un rumbo explícito de hacia donde se orientan las trayectorias que han de conducir a una sociedad en valores. Bajo ese esquema desafiante y de deterioro acelerado, los estudiosos de las ciencias sociales han llegado a la conclusión de que se ha engendrado una exposición inminente que construye los mayores riesgos de autodestrucción.

Sociólogos de la estirpe de Ulrich Beck, Zygmunt Bauman, Byung-Chul y Gilles Lipovetsky han escudriñados y profundizado sus estudios sobre la sociedad postmoderna llegando a la triste conclusión de que se asiste a una sociedad donde lo que predomina es el irrespeto ilimitado. Se trata de que en la actual sociedad se ha perdido todo, donde el individuo no conoce las fronteras del riesgo y donde todos estamos directamente vinculados a un cierto nivel de amenazas frágiles y precarias en todas las esferas sociales.

Conforme con las perspectivas de los pensadores antes citados, podemos encontrarnos involucrados en la era del vacío donde se expresa una ruptura con la sociedad moderna que da paso al individualismo y la indiferencia, la cual impone nuevas modalidades de la relación social en perjuicio de las buenas costumbres. Por igual, la interpretación de la sociedad postmoderna cae en lo que se ha denominado la sociedad del cansancio donde prevalece la indisciplina, el agotamiento, la frustración y el interés por lograr cosas materiales sin ningún esfuerzo y que ha dado paso a la sociedad de riesgo.

Sin importar el calificativo, el denominador común es que la sociedad actual ha sido empujada y predominada por el riesgo, aunque para el simplismo eso es romper esquemas tradicionales y estar en la era de la modernización y la moda. Sin embargo, la preocupación se origina en que, si se tiene una visión objetiva de la sociedad, lo que se presagia es la potencialidad de que el individualismo al imponerse como modus operandi, entonces, los daños futuros y su dimensión tiendan a destruir la calidad de la sociedad y la cohabitación humana.

Bajo la interpretación expuesta sobre la sociedad postmoderna, también nos encontramos con la cultura de “lo mío”, “lo que me toca”, en ambos casos se observan la presencia de individuos que sin hacer ningún esfuerzo se sienten con el legítimo derecho a que le corresponde unos determinados bienes y son capaces de todo para hacer valer e imponer lo que su locura le ordene. En “lo mío” y “lo que me toca”, la primera se concibe cuando hay rompimiento matrimonial, en cambio, lo que me toca se origina cuando de por medio existen bienes fruto de patrimonio con vocación hereditarios.

Ambos casos son muy peligrosos, pero cuando se trata de “lo mío” se torna mucho más fastidioso al presentarse aquellos rompimientos de matrimonio donde no existe hijo en común y donde el divorcio supone la desaparición de la vinculación de los sentimientos y la presencia de los desafectos. Siempre puede aparecer uno de los ex conyugue que es capaz de cualquier sinrazón para intentar lograr sus objetivos de riqueza, mientras que en el matrimonio hereditario surgen las discrepancias entre la familia ya que, en el inventario para la adjudicación de bienes, el reparto de bienes queda bajo la desconfianza y las dudas.

A la luz de la razón, lo que estamos observando es que las ambiciones por lo económico, el afán de tener bienes sin ningún esfuerzo, ha impulsado una fuerte alteración en la dinámica de la individualización y el interés pecuniario. Pues sin lugar a dudas, en afán por lo económico ha provocado una aceleración en la desintegración familiar y social trágico y colérico, situación que explica en una alta proporción el deterioro a que está sometida la sociedad y el aumento geométrico de la sociedad de riesgos.

Las consecuencias económicas y políticas de que predomine una sociedad en riesgos se ha convertido en la peor decepción que registra la actual sociedad en perjuicio de las futuras generaciones. En adición, observar a una persona hacer un recorrido por las diferentes instancias judiciales para con sus alegatos revestidos de falsedades cuya finalidad es obtener una sentencia favorable y lograr unos bienes imaginarios rompe con todos los perímetros de la obsesión por la riqueza material, olvidando de que todo lo que se alega en justicia hay que demostrarlo.



Daris Javier Cuevas

Economista-Abogado Máster y Doctorado en economía Catedrático de la UASD

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