En el Ministerio de Salud existe el propósito de ampliar la cobertura y la calidad de servicios de salud mental, lo cual implicaría programas de prevención, iniciativas para detectar este mal y redes de atención.
Un propósito como el anunciado por el ministro Víctor Atallah, el martes pasado en un panel con ocasión del Día Mundial contra la Depresión, no es una solución, pero deja ver que en estas instancias se tiene conocimiento de la carencia de cuidados en este sector.
Se trata, sin duda, de un anuncio importante, particularmente porque mucha gente entiende que vivimos los efectos del giro asumido como política de atención en materia de salud mental, al iniciar en 2019 los pasos para cambiar de un modelo hospitalario a uno comunitario y preventivo.
Ante una persona que deambula en vías públicas y parques, así sea mansamente, pero con indicios de una salud mental quebrantada, ¿a quién acudir para que se ocupe?
Parece natural, frente a un caso como el referido, pensar en alguna autoridad del área de Salud Pública.
La existencia de una red, como la esbozada por el ministro Atallah, puede ser una lucecita en un ambiente en el que la acción de una persona a la que se le atribuía entonces una evidente afección mental, lanzó en diciembre de 2022 una roca desde un paso elevado y causó la muerte de un conductor en el Distrito Nacional.
El ministro de Salud ha advertido, sin embargo, que la sociedad dominicana carece de profesionales suficientes en salud mental.
Si la familia se ocupa, desde lo que algunos consideran “una simple depresión”, hasta casos más evidentes, muchos de estos males pueden ser tratados a tiempo.
Vérselas con un caso de enfermedad mental en casa es un tamaño desafío para cualquiera. La solución, sin embargó, no puede ser abrir las puertas y echarlo a la calle.