Martes, 26 de marzo, 2019 | 1:53 am

La renovación del Tribunal Constitucional



Con la designación de los cuatro jueces con los que por primera vez se renueva la matrícula del Tribunal Constitucional, el Consejo Nacional de la Magistratura concluyó anteayer la primera etapa de los trabajos previstos para finales de este año e inicios del próximo.

Los elegidos son personas con méritos sobrados que enriquecerán la labor jurisdiccional de ese órgano. Como he dicho en otras ocasiones, el Tribunal Constitucional viene sufriendo de una cierta visión de túnel, causada por la homogeneidad ideológica de sus miembros.

Un tribunal colegiado debe ser un espacio en el que los problemas jurídicos sean abordados desde varios puntos de vista, reproduciendo en ese aspecto el debate que se da en la sociedad.

Hasta ahora, nuestro Tribunal Constitucional ha sido muy conservador. Mucho más que la sociedad en la que se desenvuelve.

Esto no es conveniente, como tampoco lo sería un tribunal significativamente más liberal que la sociedad.

Desde luego, la responsabilidad de esta homogeneidad no es de los jueces salientes, que no están obligados a dejar de ver el mundo como lo hacen, sino de quienes escogieron un tribunal con una mayoría conservadora contundente.

Ello no implica que el punto medio sea la virtud. Es normal que los tribunales tengan inclinaciones, pero estas deben resultar de la deliberación judicial y no de una precondición. La nueva composición del Tribunal Constitucional promete un cambio de rumbo o, por lo menos, un debate interno más rico. Cualquiera de las dos cosas es ganancia.

Los nuevos miembros del Tribunal Constitucional llevan también sobre sus hombros una responsabilidad que no es suya: ser punto de partida de la tan traída y llevada “recuperación de la confianza en la justicia”. Una carga injusta, puesto que semejante peso no puede ser llevado solo por un órgano, y mucho menos por solo parte de sus miembros.

La presión sobre los jueces para que se conviertan en estrellas redentoras suele tener como resultado servidores judiciales que ven su función como un fin para cumplir agendas personales, y no como un servicio a la sociedad. Dejémosles trabajar.

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