Por: Aneudy De León M.
No es secreto para nadie en este país y en los círculos de poder de la República Dominicana, mucho menos a lo interno de la organización política en la que milito, que este servidor, ANEUDY DE LEÓN M., representando una masa silente y el sentir de una base dirigencial olvidada, ha rechazado de manera total la farsa que se montó en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), en la Asamblea de Delegados del pasado domingo 09 de agosto de 2026.
Esta reunión decisoria, se trató de una “Convención de Empleados” —tal como popularizó el Dr. Guido Gómez Mazara hace ya unos cuatro años— donde “el poder de las autoridades internas del PRM se traspasó por vía hereditaria, amiguismo, transferencia de acciones o intereses, sin el más mínimo escrúpulo” (sic) [tal fuera una empresa familiar] —esto parafraseando el tuit/post publicado en mis redes sociales @aneudydeleonm, ese mismo día, sentando posición pública coherente sobre el particular—.
Mi planteamiento no fue hecho público —para algunos muy frontal y ácido— por el hecho de nuestras aspiraciones a la Secretaría General del PRM, ni como el clásico “berrinche” que los políticos tradicionales escenifican ‘cuando no se les complace’ con sus intereses individuales: No.
Absolutamente, no; sino porque es nuestro deber enarbolar la bandera de la coherencia y ética políticas. Como dije en la publicación citada: “Lo que nos unió para dejar el viejo partido, es ahora la antorcha de la discordia, el sello de la ignominia y el trofeo a la antipolítica” (sic).
Nuestro partido no podía convertirse hoy en lo que criticamos en la vieja organización política, pero esta vez, de una manera mucho más deleznable. ¿Que este adefesio era el camino para la unidad y la cohesión? ¿Que con esta repartición-renovación se pretenden evitar riesgos de un “desorden” generado por una convención interna con el voto universal, libre y secreto? No.
Eso es mentira del enemigo malo; y ya hemos explicado a la saciedad en nuestros escritos, reflexiones y artículos las razones politológicas, institucionales y pragmáticas por qué estas excusas no tenían asidero político ni racional ni jurídico. Ha sido tan solo un pobre argumento del status quo que solo aspira a seguir usufructuando los privilegios del poder, solo cambiando de sitio y algunos mínimos casos, lavándose algunas caras. Lo peor, sin reparar que toda esa testarudez y ambición política pone en riesgo la permanencia en el poder del PRM más allá del año 2028.
Resulta que mis detractores acusan mis opiniones y posiciones de ser afrentosas, imprudentes y desafiantes del poder. Sin embargo, son las de un humilde militante —pero con suficiente abolengo intelectual, méritos acumulados, autoridad ética y moral— preocupado por la posteridad existencial de su partido, que, al decir, del propio presidente LUIS ABINADER, serían las de un dirigente o colaborador cercano suyo que lo recuerda solo “por ser el más conflictivo del partido” y no por quien ha sido uno de sus mejores contribuyentes políticos y de los que más ha librado batallas casi fatales para que él —como su líder— fuera hoy dos veces Presidente de la República y el PRM esté el poder al día de hoy, recibiendo a cambio lo impublicable e indescriptible.
¡Ellos no son los reales culpables! Mi punto de reflexión principal aquí es que la queja y la genuflexión nunca serán herramientas de cambio, ni la prudencia y lealtad pueden jamás confundirse con la sumisión cómplice de lo mal hecho. Tampoco la dignidad personal y política pueden ser monedas de intercambio para obtener el beneplácito de “El Príncipe y su séquito”.
Por eso, a propósito de mi posición pública, arriesgándome a las represalias propias del poder —las mismas prácticas que se han usado desde la Era Trujillista hasta los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), llámese Leonel Fernández o Danilo Medina—, ahora manifiestas de manera sutil a través de maledicencias, difamaciones, descalificaciones, bloqueos y hasta diezmando mi ascenso político ocultándose informaciones poderosas de méritos logrados y aportes hechos a lo largo de mi joven, pero dilatada carrera política, debo confesar que mi mayor indignación no radica en las acciones perversas, mezquinas, poco leales y hasta cierto punto inhumanas de algunos que ostentan poder, sino en como una parte importante del colectivo se deja domesticar, cooptar, chantajear o adoctrinar por sus propios verdugos.
Tanto que se quejan de las injusticias, la repartición de los puestos del PRM; tanto que se pide que nos tomen en cuenta en posiciones públicas de poder; tanto que se critica al Gobierno liderado por nuestro líder y hoy presidente incluso desde las mismas filas perremeístas; y cuando alguien asume la antorcha de la defensa colectiva, plantea una posición incómoda, pero mediáticamente asumida afrentosa o desafiante del poder, o demuestra coherencia de principios, usando ello para hacer esa voz la de aquellos que no tienen voz, entonces pocos quieren dar el paso al frente y jugársela.
La mayoría de los dirigentes en los partidos políticos de hoy quieren que los líderes, en especial, los de carácter disruptivo se quemen solos, se inmolen, que se “jodan solos”, y si se llega a la tierra prometida, entonces la gloria y la celebración sean compartidas, como, en efecto, debe ser en todo proyecto político en democracia, lo cual es mi visión, porque soy de opinión de que ¡nadie llega solo!
Dicho esto, como colectivo integral, sin distinción de estatus, rangos o jerarquías debemos hacer conciencia. Tenemos que dejar de ser genuflexos, irresolutos y pusilánimes. Los ideales y proyectos políticos son acciones colectivas, no individuales.
Que haya quien los dirija o lidere no quiere decir que los demás brillen por la inercia o se dejen vencer por la cooptación o el temor a perder lo que nunca se ha tenido, para ser más explícitos: futuros empleítos, carguitos o facilidades del poder. Entiendo que, en ocasiones, la inercia es un instinto de autoconservación, pero ello no debe llegar a un límite de llevarnos jamás a la negación de nosotros mismos.
Quien tiene una trayectoria y méritos ganados en el logro de un objetivo colectivo, y más en la actividad política —que no es propiedad ni heredad de nadie—, no debe hablar con miedo, reservas o timidez. Debe reclamar su espacio, porque es su derecho inalienable, y luchar por ello hasta lograrlo.
Eso jamás puede ser un pecado, ni debe recibir sanción o represalia por ello. No es un favor, ni un regalo, ni dádiva, mucho menos una limosna, ¡carajo! El poder no se mendiga, se arrebata si no nos quedan opciones, ni siquiera de contemporización, negociación o concesión.
La queja no gana resultados, lo que funciona es la ACCIÓN; y la verdad y las luchas se asumen de frente, sin titubeo ni procrastinación. Pero, sobre todo se libran con determinación, constancia y arrojo.
Finalmente, solo puedo decir que la lucha continuará, y debe terminar en algún punto de inflexión, cuyo desenlace está en la siguiente ecuación: se logra lo que se exige, o se pierde lo que se tiene. ¡Así de simple! Este mandato tiene lectura biunívoca, depende de los lectores interpretarlo y actuar. No estamos defendiendo intereses particulares, solo abogamos por causas colectivas. De mi parte, termino diciendo: ¡No tenemos miedo! Por la verdad murió Cristo, el Hijo de Dios, y ella prevalecerá por el bien no solo del PRM, sino de todo el país. ¡La suerte está echada! #AnDL – 14/08/26.
«Nunca perderse el respeto a sí mismo. Sea su misma entereza norma propia de su rectitud, y deba más a la severidad de su dictamen que a todos los extrínsecos preceptos. Deje de hacer lo indecente más por el temor de su cordura que por el rigor de la ajena autoridad». EL ARTE DE LA PRUDENCIA — Baltazar Gracián (1647).
(**) El autor es abogado, analista y dirigente político.
Aspirante a la Secretaría General del PRM.