La privatización del Reservas

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“Suenan las campanas otra vez”, reza la famosa salsa de Rubén Blades, pero esta vez no fueron “las del padre Antonio y su monaguillo Andrés” sino las campanas que desde hace ya un tiempo vienen alimentando la idea de apoderarse del Banco de Reservas y para lo cual siempre inician con una campaña de descrédito en los medios de comunicación en contra de esta empresa Estatal, que desde hace ya un buen tiempo, es la institución financiera más grande del país.

En esta ocasión viene a través de un reconocido economista y ex gobernador de Banco Central, quien en su acostumbrada columna de los sábados, en un reconocido matutino, lanzó lo que el propio autor reconoce como una “atrevida” propuesta. Apoyándose en unas declaraciones que hiciera el multimillonario mejicano Carlos Slim, quien defiende la venta de activos del Estado con la finalidad de cubrir los déficits públicos, el referido autor afirmaba que: “Y hablando de vender activos públicos, creo que uno de ellos y quizás el más relevante, sea la venta del Banco de Reservas”.

A nadie debe de extrañar que los jugosos negocios de un banco, que ha sido bien administrado y sabiamente conducido al sitial que hoy ocupa en el sistema financiero dominicano, despierten el apetito insaciable de ciertos sectores que históricamente han mostrado su predilección por coger los mangos bajitos.

Porque solamente malsanos intereses querrían arrebatarle al pueblo dominicano una empresa que nada más en el periodo 2008-2011 ha generado beneficios por 13,800 millones de pesos, que ha aumentado su nivel de activos en un 55%, al pasar de 154,336 millones en 2008 a 238,032 millones en el 2011 y que mantiene un índice de solvencia, al mes de abril, de 16.29 superior al de toda la banca nacional múltiple (con la excepción del banco Vimenca) y con más de un 60% por encima del nivel mínimo que aconsejan las normas prudenciales que es de un 10%.

Todo el proceso de privatizaciones, que en America Latina comienza a partir de la segunda mitad de los 90, fue precedido por una campaña de descrédito de la propiedad pública, muchas de las veces apoyadas por gobiernos entreguistas que sometían al abandono a las empresas del Estado para así hacer mas creíble y fácil el traspaso de estas a al sector privado, en ocasiones a precio de “vaca muerta”.

Se vendió la idea de que el Estado era ineficiente y corrupto por naturaleza y de que por lo tanto mientras menor fuera este, mientras menos regulaciones tuvieran las actividades privadas, mejor marcharía la economía. Pero resulta que pronto vendría el “desengaño”, como decimos por aquí, con el fraude bancario que explotó en el 2003 y en el cual cuatro de los más importantes bancos privados del país pusieron a toda la economía nacional al borde del colapso. En ese momento el Estado, el ineficiente y desprestigiado Estado, o lo que es lo mismo decir el pueblo dominicano, fue quien tuvo que dar la cara para limpiar todo ese desastre que la “eficiencia” privada había causado.

En ese momento lo que procedía era la estatización pura y simple de esa banca tal y como ocurrió en Islandia y como va a suceder en España con Bankia. Y eso sin mencionar lo que nos vino después a nivel mundial cuando en el 2008 la desregulación bancaria unida al fraude y a la ambición desbocada de los banqueros privados, sumergió a la economía mundial en el marasmo económico más grande de la historia. De nuevo aquí también fueron los gobiernos los que asumieron el rescate de los bancos privados en problemas, primero en los EEUU y posteriormente en Europa.

El Banco de Reservas es de lo poco que queda por privatizar en este país: desde el transporte hasta los juegos de azar, la educación, los hoteles, las cobranzas del agua, de la basura, de la licencia de conducir y hasta de los inmuebles públicos fueron privatizadas. Las primeras privatizaciones fueron las del CEA, CORDE y la CDE (hoy renacionalizada en la parte de transmisión) hasta llegar a los puertos más importantes, los aeropuertos y los peajes, sin mencionar todo el sistema de la seguridad social, es decir, las pensiones y la salud.

Siempre invocando a la ineficiencia del Estado, muchos de estos procesos estuvieron envueltos en elementos de corrupción que resultaron en cargas muy onerosas para el pueblo dominicano.

Pero en el artículo de marras el autor le hace la propuesta nada más y nada menos que al presidente electo Danilo Medina, para que sea este el que ponga en práctica el mencionado entuerto “…esa privatización seria hacer lo que nunca se hizo y con un congreso a su favor no habría problemas” y a seguidas un caramelo envenenado “Cuánto puede significar esa venta?…estaríamos hablando de unos US$1,500 millones (2.6% del PBI)”.

Si la reforma fiscal tuviera que realizarse en base a la venta de activos del Estado Dominicano y no en base a un concepto fiscal progresivo, donde el que gana más pague más, en pocos años habría que vender hasta los arrecifes de nuestras costas, toda nuestra infraestructura y hasta nuestros mares territoriales para de esta forma tratar de saciar lo insaciable.

En una época en que Latinoamérica se encamina hacia un modelo de desarrollo basado en la disminución de las desigualdades sociales y en contra del legado neoliberal, donde inclusive se le está dando marcha atrás a muchas de las privatizaciones del pasado (principalmente en las naciones del cono sur) salir a esta altura del juego con esta desfachatez es sencillamente seguir anclados en los mismos esquemas fallidos. Lo que verdaderamente necesitamos, por el contrario, es un Estado fuerte que permita arbitrar a favor de las grandes mayorías y no solamente a favor de los grupos económicamente poderosos.

Una sociedad y una economía en donde se busque el necesario equilibrio entre las fuerzas del mercado y los objetivos del bienestar colectivo, necesitaran siempre de la existencia de un Estado fortalecido y redistribuidor. Los invito a leer el último trabajo de la CEPAL: “La hora de la igualdad: brechas por cerrar caminos por abrir”.

Entendemos que el Banco de Reservas en estos momentos requiere de ciertos ajustes en sus objetivos y orientación, y que se hace necesario impulsar una restructuración del mismo, para que en el futuro juegue un rol más relevante en la financiación de proyectos y sectores tradicionalmente desfinanciados por la Banca comercial, un rol más acorde con una Banca de segundo piso que financie el desarrollo de los sectores productivos de la nación.

No obstante creemos que la privatización no es otra cosa que otro palo al Fisco y al futuro del bienestar del pueblo dominicano.

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El Día

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