La política yanqui y los dólares
Cuando comúnmente hablamos de yanquis nos referimos a los ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica, y de los dólares, a su moneda.
En estos días, especialmente el fin de semana pasado, ha quedado en evidencia cómo la política norteamericana se ha ido fanatizando, sobre todo en los llamados grupos de derecha, encabezados por la fracción del Partido Republicano (partido actualmente en oposición) llamado Tea Party, en alusión a la rebelión contra el impuesto al té al inicio de la guerra independentista de ese país.
Resulta que una de las características de la nación vecina al norte es el apego a la ley, y el pagar las consecuencias de violarla. Por ello, para el gobierno yanqui poder seguir pagando sus obligaciones y deudas necesitan de una ley que autorice a la nación a incrementar sus niveles de deuda publica, que es de donde vienen los fondos para el pago de dichas obligaciones.
Pero el partido opositor controla el Congreso en el tira y jala del juego político, cuyo trasfondo es realmente cerrarle el paso a una posible reelección de Obama, y no permite que se llegue al consenso que permita la aprobación de una ley que aumente el tope de la deuda. Esto pone en potencial peligro el pago de los intereses de la deuda pública y el de muchos servicios del Gobierno para con sus ciudadanos.
La consecuencia de esta guerrilla política interna seria la pérdida de credibilidad en la principal moneda del mundo, y el subsecuente daño que experimentarían las ya maltrechas finanzas globales. Verdaderos escenarios catastróficos.
La moneda de reserva del peso dominicano es el dólar norteamericano. Esperemos para el bien del mundo, de las relaciones económicas interdependientes y de la estabilidad monetaria que la sangre no llegue al río y que se arribe a una negociación fructífera que permita superar esa crisis.
Y si no llegan a un acuerdo, nuestro país cuenta con un extraordinario mediador internacional, que bien pudiésemos prestárselo por unas horas a Barack Obama y John Boehner, para enseñarles a gobernar en consenso.