La política actual y el poder del dinero

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Rafael Chaljub Mejìa

Dijo Gonzalo Castillo que pondrá a correr el dinero para que les llegue a todos sus compañeros envueltos en la campaña electoral.

El presidente Medina reforzó la idea y dijo que cuando Gonzalo dice “a todos, quiere decir a todos”. Como quien dice que por cuarto no se apuren, que están seguros y llegarán.

Aquí siempre el dinero tuvo un peso importante en la política y Lilís lo sabía. Hay que leer sus propias quejas de que cada vez que alguno de sus caciques políticos venía a la capital, había que buscarle “lo del macuto”, porque ninguno quería irse con los bolsillos vacíos.

Se dice que cuando visitaba algún enfermo, aquel caudillo le dejaba en las manos una medicina infalible, unas cuantas monedas, y que el paciente enseguida mejoraba, gracias a “las píldoras de Lilis”.

Cuando Juan Bosch vino al país en 1961 y se lanzó a buscar la presidencia, como debía enfrentarse al partido de la vieja oligarquía, la Unión Cívica Nacional, el profesor cogió prestada la consigna del malogrado líder cubano Eduardo Chivás: Vergüenza contra dinero. Y funcionó.

Al paso del tiempo el dinero fue corrompiendo la vergüenza en el quehacer político. Pero con todo y eso, especialmente en la juventud militante, predominaban las doctrinas y los ideales. Alentada desde arriba, la corrupción siguió minando las bases de la política, se implantó el mercado de conciencias y hoy todo tiende a subordinarse al poder del dinero.

Programas, propuestas, ideas, principios, valen cada vez menos, para bochorno de quienes aún involucrados en la actividad, se niegan a sucumbir a esa ola arrolladora que se lleva de paro la dimensión moral del quehacer político.

El más penoso cuadro se verifica en las horas previas y en el curso mismo de las elecciones.

Un número cada vez mayor de ciudadanos vende su voto como la más vulgar de las mercancías y esto, de entrada, le da la ventaja a quien tenga más capacidad de compra. Acaban de hablar el candidato del partido de gobierno y el mismísimo presidente de la Republica.

Tamaño desafío y tamaña tarea la de las fuerzas democráticas y opositoras, que en desigualdad de condiciones materiales tienen que apelar a la vergüenza y el amor propio de la gente y convencerla de que en unas elecciones se juegan cosas de mucho más valor que un pica pollo.

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