La playa del pueblo se encarece: Boca Chica entre los altos precios, el hostigamiento y la pérdida de su esencia

Boca

SANTO DOMINGO.- Por décadas, Boca Chica fue sinónimo de playa popular. Era el lugar donde cualquier familia dominicana podía pasar un domingo frente al mar sin necesidad de realizar grandes gastos. Su cercanía con Santo Domingo, sus aguas poco profundas y la posibilidad de llevar la comida desde la casa la convirtieron en el principal balneario del país.

En la actualidad, sin embargo, esa imagen parece diluirse entre una creciente presión comercial que, para muchos visitantes, ha terminado convirtiendo una jornada de descanso en una experiencia costosa y, en ocasiones, incómoda.
Basta recorrer unos metros sobre la arena para advertir el cambio.

La playa está prácticamente ocupada por una extensa fila de mesas, sillas, negocios y vendedores que reducen considerablemente el espacio libre para los bañistas.

A ello se suma el constante abordaje de comerciantes que ofrecen, una y otra vez, alimentos, bebidas, masajes, artesanías, sombreros, cocos, dulces, excursiones y toda clase de productos, dificultando que el visitante pueda disfrutar del lugar con tranquilidad.

Los precios también llaman la atención. Un menú de uno de los establecimientos de la playa, al que tuvo acceso EL DÍA, muestra que un plato de langosta cuesta RD$3,500, una parrillada mixta RD$3,200, un salpicón de mariscos para dos personas RD$3,200 y una paella para dos RD$4,200.

Incluso platos más sencillos como un pescado al ajillo o a la criolla oscilan entre RD$1,100 y RD$1,350, mientras una sopa de mariscos cuesta RD$1,800 y un plato de comida criolla RD$600.

Las bebidas tampoco escapan al incremento. Una cerveza Presidente grande se vende a RD$300, una Modelo grande a RD$350, una botella de agua pequeña cuesta RD$50, mientras que un litro de whisky de marcas reconocidas supera con facilidad los RD$2,000, llegando algunas etiquetas a más de RD$4,000.

A la cuenta se le adiciona el 10 por ciento de propina obligatoria y el 18 por ciento de Itebis, pero los vendedores en casetas no dan factura con número de comprobante fiscal, por lo que el consumidor no puede reportar ese gasto ante la Dirección General de Impuestos Internos.

Pero el costo de consumir alimentos y bebidas es apenas una parte de la factura que enfrenta quien decide pasar un día en Boca Chica. En varios negocios se cobra RD$1,500 por el uso de una mesa, aunque algunos establecimientos eximen ese pago si el cliente consume una cantidad mínima de productos.

El menú consultado por este diario establece un consumo mínimo de RD$3,000 y advierte que, de no alcanzarlo, el cliente deberá pagar igualmente el alquiler de la mesa. Además, un "chairlong" tiene un costo adicional de RD$600.
Fuera de los restaurantes, los gastos continúan acumulándose.

Un coco de agua se ofrece a RD$150, los dulces de coco y maní a RD$100, una libra de chicharrón alcanza los RD$600, una gorra cuesta RD$700, una toalla RD$1,000, un sombrero RD$500, un protector para teléfono móvil RD$500, mientras un masaje en los pies se cotiza en RD$500. Incluso servicios básicos tienen costo: utilizar el baño cuesta RD$50 para orinar y RD$100 para defecar. A ello se suma el parqueo, cuyo cobro es de RD$150, generalmente exigido al momento de ingresar.

Los visitantes se quejan de que la suma de todos estos costos termina alejando a Boca Chica de su tradicional condición de "la playa del pueblo". Una salida familiar puede representar varios miles de pesos antes incluso de ordenar el almuerzo.

“Estos precios están por encima de cualquier restaurante caro de Santo Domingo. Venir a Boca Chica se ha vuelto un lujo”, manifestó Rosangel Mateo, quien había ido a la playa con su familia.
A la percepción de encarecimiento se añade el hostigamiento de vendedores ambulante, otro elemento que con frecuencia aparece en las quejas de los visitantes.

La constante presencia de vendedores ofreciendo productos cada pocos minutos dificulta el descanso y genera la sensación de que resulta imposible permanecer en la playa sin ser abordado de manera reiterada.

El crecimiento del número de negocios sobre la arena también ha modificado la experiencia del balneario. Donde antes predominaban amplias áreas para colocar una nevera o una sombrilla, hoy abundan mesas, sillas y estructuras comerciales que reducen el espacio disponible para quienes simplemente desean disfrutar del mar.

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