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La patria, los tiempos presentes y los peligros y riesgos al acecho

Roberto Marcallé Abreu Por Roberto Marcallé Abreu
La patria, los tiempos presentes y los peligros y riesgos al acecho
📷 Roberto Marcallé Abreu

Me es muy grato agradecer a las muchas personas que cada 30 de marzo, cuando cumplimos un año más de vida, se interesan por comunicarse de una forma tan abrumadora que nunca ha dejado de sorprenderme.

Presumo que se trata del reconocimiento intrínseco de que, como persona y ciudadano dominicano, hombre de la prensa y escritor, hemos cumplido, aún sea mínimamente, con sus expectativas.

Es un reconocimiento que agradezco como el que más. Agradezco a mi madre Aurelia y a mi padre Pablo, a mis hermanas y hermanos, todos ya fallecidos, así como a la educación que recibí de los sacerdotes salesianos y jesuitas un concepto del cumplimiento del deber como forma de vida insoslayable. Situar los intereses propios en un último plano.

Proceder con respeto, honestidad y decencia y comprometerse con lo que la Patria y nuestro pueblo esperan de nosotros. He tratado de inculcar a mi hijo Eliam Roberto esta conducta, porque es mucho lo que se espera de nosotros.

Así que infinitas gracias a todos los que me han escrito y reiterar mi agradecimiento y respeto a quienes se han forjado expectativas positivas sobre nuestra persona y quienes nos respaldan de manera indeclinable.

Debo confesar mi preocupación profunda por actitudes y conductas que se aprecian por doquier. Considero que el presidente Abinader se esfuerza de manera ejemplar por dar lo mejor de sí por el bienestar del pueblo dominicano.

Considero que ese esfuerzo debería ser secundado por sectores a los que se evidencia inmersos de forma exclusiva en sus particulares intereses que en poco o nada coinciden con lo que la Patria espera de todos.

Creo en centrar nuestra atención en las evidentes distorsiones. Muchos dominicanos han ido desertando progresivamente de su sentido del deber para con su Patria, una responsabilidad que siempre debe situarse en primer término. Existe una mal disimulada degradación en muchos órdenes, los apetitos particulares parecen desbordarnos, y de ahí que situemos los denominados intereses creados en primer término.

Concebir los intereses de la Patria en un segundo o tercer plano es una aberración de la que alguna vez nos lamentaremos muy seriamente. ¿Predicamos en el desierto? Quizás, pero se trata de honrar el deber, aunque pocos escuchen o presten atención.

Vivimos en tiempos riesgosos y difíciles. Es preciso volver nuestra vista y nuestro interés en quienes forjaron la nacionalidad dominicana. Debemos asumir la defensa de la Patria como un deber insoslayable que debe cumplirse por encima de los intereses creados, del dinero, de las clases sociales, de personajes o poderes que son, al parecer, quienes ahora y siempre dictan las normas.

El momento es para reflexionar en la dominicanidad y cumplir nuestros deberes y responsabilidades para con la Patria, sus propósitos auténticos, su existencia.

Si nos dejamos apabullar por confabulaciones oscuras ignoraremos los propósitos de nuestros padres fundadores y terminaremos por desaparecer de la faz de la tierra en un contexto impredecible cuya calificación escapa a todo lo malo que podríamos creer o imaginar.

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