“La otra cara de la juventud dominicana”: los cinco jóvenes que pusieron sus voces al servicio de un récord mundial

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Santo Domingo.- En una época en la que las redes sociales ocupan buena parte del tiempo de los jóvenes, cuatro dominicanos decidieron dedicar horas, días y semanas a una actividad mucho más silenciosa: leer.

Abril del Rosario, Ismael Durán, Maikol Arias, Mayury Vélez y Franchesca Minier se convirtieron en protagonistas de una hazaña que los llevó a establecer un nuevo récord Guinness de lectura continua en voz alta, con 500 horas y 13 minutos, como parte del proyecto “Juventud en Voz Alta”.

La meta inicial era alcanzar las 480 horas y superar la marca de 431 horas establecida previamente por cinco jóvenes de Nigeria. Sin embargo, el reto terminó creciendo durante el proceso, hasta alcanzar una cifra que los propios participantes asumieron como un desafío mayor.

El ministro de la Juventud, Carlos J. Valdez Matos, explicó que la iniciativa adquirió una nueva dimensión luego de que Nigeria arrebatara a República Dominicana el récord que había mantenido durante años.

“En vez de lanzar el círculo de lectores, vimos una enorme oportunidad de inspirar a más jóvenes a que se involucraran”, explicó.

Después de una convocatoria general, evaluaciones y un proceso de preparación, cinco jóvenes fueron seleccionados para asumir el desafío. Durante 21 días tuvieron que adaptar sus rutinas a una dinámica en la que la lectura, el descanso y la concentración se convirtieron en parte de su vida cotidiana.

Cada participante tenía turnos de lectura de dos horas y luego disponía de varias horas para descansar antes de volver a ocupar su lugar.

La experiencia no estuvo exenta de dificultades. El cansancio físico y mental se convirtió en uno de los principales obstáculos, especialmente durante los primeros días.

Valdez Matos explicó que al inicio los participantes tuvieron dificultades para acostumbrarse al ritmo de descanso.

“Los primeros días no querían dormir”, relató.

El funcionario contó que incluso hubo una jornada en la que permanecieron despiertos durante más tiempo del recomendado y al día siguiente comprobaron las consecuencias.

“Al otro día el rendimiento fue menor, y ahí se fueron adaptando día por día”, señaló.

Ismael Durán, uno de los jóvenes participantes, explicó que la dinámica también producía ansiedad, debido a que mientras uno leía, los demás permanecían atentos al momento en que les correspondería asumir el turno.

“Te generaba cierto nivel de ansiedad, porque mientras estaba leyendo uno, el otro estaba ahí”, explicó.

A pesar del agotamiento, Durán aseguró que la posibilidad de abandonar nunca se convirtió en una opción para el grupo.

El reto también implicó enfrentarse a la dificultad de mantener la concentración durante cientos de horas y leer una gran cantidad de obras. En total, los jóvenes llegaron a leer más de 72 libros, seleccionados previamente por un equipo del Ministerio de la Juventud, con autores dominicanos y extranjeros.

Mayury Vélez recordó que incluso la lectura podía convertirse en un desafío para la vista. En su caso, tuvo dificultades con una de las obras debido al formato del texto.

“Hubo momentos donde la vista, a pesar de tener los lentes, me mareaba un poco por el tamaño de las letras”, explicó.

La joven contó que uno de los libros tenía una tipografía que dificultaba todavía más la lectura.

“La letra parecía como si fuera cursiva, entonces se te podían confundir las líneas”, relató.

Aun así, logró superar la dificultad y continuar con el desafío.

Más allá del récord, los jóvenes aseguran que uno de los principales objetivos de la experiencia es demostrar que la lectura no tiene por qué ser una actividad aburrida para las nuevas generaciones.

Vélez sostiene que cada persona puede encontrar un género literario que conecte con sus intereses.

“Muchas veces nos puede parecer aburrido, pero debemos encontrar algo que nos guste”, afirmó.

Y resumió la idea con una invitación directa a otros jóvenes:

“Si a usted le gusta la acción, hay libros de acción, hay libros de terror, hay libros de amor, hay un libro esperando que usted lo lea”.

La experiencia también fortaleció el vínculo entre los participantes. Maikol Arias explicó que, después de concluir el desafío, procuró mantener el contacto con sus compañeros y llegó a visitar a varios de ellos en sus respectivas comunidades.

El récord, de esta manera, terminó convirtiéndose también en una experiencia de amistad y convivencia entre jóvenes provenientes de diferentes puntos del país.

Pero detrás de la marca mundial existen también proyectos personales. Ismael Durán, oriundo de San Cristóbal, tiene entre sus planes continuar formándose en el área de la psicología, con interés particular en la psicología forense.

Franchesca Minier, de La Vega, también proyecta estudiar psicología forense y posteriormente comunicación social.

Mayury Vélez tiene como meta estudiar medicina y especializarse en pediatría, con la intención de continuar posteriormente hacia el área de neurología infantil.

Maikol Arias, por su parte, también contempla desarrollarse profesionalmente y continuar sus estudios en áreas vinculadas a su formación.

Así, la hazaña de las 500 horas no termina con la certificación de Guinness World Records. Para estos jóvenes, el verdadero reto es aprovechar la plataforma que les dejó el récord para promover la lectura y demostrar que existen otras formas de utilizar el tiempo y las redes para inspirar.

Durante más de 500 horas pusieron los libros en el centro de la conversación y ofrecieron una imagen distinta de la juventud dominicana: jóvenes de comunidades como San Cristóbal y La Vega, con aspiraciones profesionales, disciplina y la capacidad de convertir una idea educativa en un récord mundial.

El cronómetro se detuvo, pero para ellos la lectura apenas comienza.

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Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en la fe que transforma.