La oportunidad perdida

editorial

Dos vecinos que comparten lindero lo menos que deben hacer es ocuparse, con tanta frecuencia como lo reclame la necesidad, de los asuntos comunes. Vivir de espaldas y extender esta actitud de manera intemporal los perjudica.

Nada más sensato que mantener un trato fluido acerca del estado de la línea divisoria, las dificultades comunes y aquello que pueda resultarles de mutuo beneficio.

Cualquier otra actitud puede ser considerada un despropósito.
Estas razones hacen saludable la reunión de la semana pasada en Dajabón entre el ministro de Relaciones Exteriores dominicano, Víctor “Ito” Bisonó, y su par haitiana, la ministra de Asuntos Extranjeros y Cultos, Raina Forbin.

El encuentro tuvo lugar en las instalaciones del parque industrial Codevi, donde trataron de seguridad fronteriza, los ilícitos en el comercio, las migraciones y el transporte aéreo.

La necesidad de mantener un canal abierto para la evaluación de los tratos entre ambos países fue identificada hace más de 30 años, con el establecimiento de la Comisión Bilateral Dominico—Haitiana.

¿Puede el encuentro del pasado día 3, entre ambos cancilleres y sus acompañantes, ser enmarcado en la tortuosa secuencia de las reuniones de la Comisión Bilateral?

Digamos que sí, pero preguntémonos a seguidas si existirá en todos los ámbitos de ambos países la debida comprensión sobre la importancia de este instrumento. La respuesta es no, o de lo contrario hubiera avanzado a la condición de institución viva, con resultados a la vista en los inquietantes planos de las migraciones, los negocios y la política, por lo menos.

A pesar de su establecimiento en 1996, sería en 2007 cuando el Gobierno dominicano dotaría a la referida comisión de facultades que la hacían prometedora, y lo mismo haría la parte haitiana en 2009, pero nada ha contribuido desde entonces ha hacerla realmente operativa.

La reunión de Dajabón tiene un precedente en el 17 de abril pasado, con asuntos muy parecidos a los tocados el jueves.

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