La opinión fácil

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Ana Blanco

Hace no muchos años para considerar a una persona creadora de opinión, esto es, que llegara a la gente y motivara reacciones, debía tener una credibilidad avalada por experiencia, formación y criterio (en la mayoría de los casos, claro). Aquellos que lo hacían sin tener este respaldo eran menos.

La llegada de las redes sociales, estilo Twitter, supuso la posibilidad de que absolutamente todo el mundo opine. En esencia me parece algo maravilloso y más aun llegar a personas más allá de las fronteras físicas.

¿Pero qué está pasando en realidad? Que todo el mundo opina, es verdad, pero simple y llanamente es una opinión dada por impulso y si es negativa mejor, que mejor.

Se pierde la claridad, el análisis, el efecto real de quienes con su aporte dan soluciones y opinan de manera constructiva en un maremágnum de quejas, insultos, mentiras, datos falsos y ataques. Se pasa más tiempo peleando y queriendo imponerse al otro que escuchando y llegando a soluciones.

El otro día estaba en una reunión y constantemente daban datos que habían leído en Twitter, Facebook y lo hacían con la total seguridad de que eran verdad y, peor aun, siempre con un trasfondo de crítica y ataque.

Ya no opinamos, agredimos, manipulamos y buscamos estar presentes por el simple hecho de decir algo.

Extraño enormemente encontrar personas que me nutran en mis dudas, que me den soluciones a los problemas que nos rodean, que realmente utilicen el poder de las redes para alcanzar una influencia real y pensando, más que en ellos mismos, en los demás.

Se crean ídolos de humo seguidos por personas que solo desahogan sus frustraciones.

En todo este entramado siempre aparece quien realmente utiliza los medios para un cambio real, pero son tan pocos que poco logran.

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