La ONU, Haití y Bill Clinton
Las acciones que encamina Bill Clinton a favor de Haití, en su condición de enviado especial de la ONU, hace que el mundo ponga los ojos en esa nación con más interés humanitario.
Tiene sobre sus hombros la misión de reforzar los esfuerzos del organismo internacional para estabilizar ese empobrecido país caribeño y conseguir que en los finales de esta década y principios de la próxima Haití se enrumbe hacia el desarrollo.
El Gobierno haitiano no solo cuenta con la buena voluntad de la ONU. Independientemente de la visita que hicieron Ban Ki-moon y Bill Clinton a la nación vecina en marzo pasado, el gobierno de René Preval cuenta con estudios en las áreas de agricultura y pesca, que serían los sectores líderes para impulsar su economía.
Además, podría conquistar nuevas inversiones en el sector textil bajo el amparo de las ventajas arancelarias que Estados Unidos otorga a las exportaciones haitianas.
La Organización de las Naciones Unidas está animada por una idea que crece. El secretario Ban Ki-moon está consciente que Haití no puede solo con su presente. Bill Clinton ha dicho en múltiples oportunidades que Haití se encuentra en un punto irreversible de su proceso hacia el desarrollo.
Quiero ayudar a los haitianos a tomar el control de su propio destino, dijo Clinton. Se trata de un gesto noble, pero Haití está más cerca de tomar su propio control con el apoyo económico de Estados socios e inversionistas decididos.
De esa forma nuestros vecinos avanzarán hacia una economía competitiva y ampliarán su estructura de empleos. A corto plazo eso significará más fábricas, viviendas, escuelas y hospitales. Ojalá ahora sí sea en serio.