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La oferta y el turismo

El turismo se ha consolidado como una de las más firmes columnas de los negocios en el país y este hecho genera alrededor una multiplicidad de actividades que dinamizan, además de los denominados “polos”, a comunidades alejadas que en alguna medida se benefician directa o indirectamente.

Hasta ahora, si se pasa la miraba por los principales emplazamientos turísticos desde Pedernales, en el extremo sur del país, hasta Montecristi, en el norte, se hacen visibles sol, palmeras, agua y arena, como los principales componentes de la oferta turística dominicana.

Durante la pasada feria de Madrid vimos la presentación de la idea de las competencias deportivas, particularmente los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en julio, como un atractivo coyuntural, y la mención de los espectáculos con el mismo fin.

La historia colonial de la isla, por donde empezó la de América, puede ser una veta, pero con la vista puesta en un turista con intereses diferentes a las decena de millones que nos visitan cada año.
Habría que preguntarse, acerca de esta opción, más bien de perfil cultural, cuántos inversionistas estarían dispuestos a impulsarla a contracorriente.

Presentarle al mundo un país divertido, con lindas playas y gente acogedora llegará un día a un límite y desde esta perspectiva es aconsejable la exploración de opciones que hagan más variada la oferta turísticas dominicana.

Además de un país divertido, podemos ser presentados como una opción interesante. Para esto, desde luego, habría que poner a punto la parte colonial de la capital dominicana y esperar, con bastante paciencia por cierto, la reiniciación de Haití como sociedad organizada, porque por allí también hubo un pasado colonial memorable.

España, donde se dieron cita la semana pasada los operadores del turismo en el mundo, tiene en este negocio una muy firme columna de su economía y posiblemente muchas lecciones que dar al respecto.

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