La moda del 4%

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Moda significa “costumbre en boga durante algún tiempo”, y a su vez, estar en boga es “buena aceptación o fortuna creciente”. A partir de esta premisa identificamos celebridades que se desbocan en la promoción del movimiento que reclama el 4% del PIB.

Más que aportar a la difusión y masificación del apoyo a este movimiento, el resultado tácito de las campañas audiovisuales que emplean a “artistas” es la transfiguración de un movimiento de simpatizantes críticos de el por qué de éste, a una participación insustancial que no cuestiona más allá del reclamo obvio, convirtiéndolo en una moda que pone en boga a estos personajes, en tanto que instituye una tendencia de fervor que se apaga gradualmente ya que pasa de moda.

Esta vía de plantear un problema ha sido copiada de países como EEUU, donde ONG’s promueven planteamientos a través de voceros de la farándula, ganando aceptación de los consumidores de cultura popular, pero sin plantear las causas históricas y políticas.

Claro que hay figuras que aparecen en la campaña audiovisual partiendo de una preocupación auténtica, como Nuria Piera, cuyas investigaciones han servido de detonantes ante la crisis educacional.

Pero, más allá de esto y reconociendo que este movimiento es endosado por organizaciones e individuos que se manifiestan invariablemente contra la injusticia social, cuestionamos cuál es su propuesta si se aprueba el 4%.

Frente al carácter criminal y delincuente de las intoxicaciones que violenta impunemente los DDHH del sector más vulnerable de la sociedad, no se protesta masivamente para denunciar y exigir que el gobierno asuma su responsabilidad en los hechos.

La decadencia de la educación pública es primeramente inherente al sistema y no se resolverá sólo con un aumento presupuestario. En este contexto, el 4% no debe verse ni como único medio, ni como un fin.

Mientras el pueblo se decida a armarse de patriotismo y dignidad participando en la consolidación de un cambio estructural del sistema de gobierno, las organizaciones con vigencia deben enfocarse en crear mecanismos de presión y supervisión.

El reclamo del 4%, aunque justo, no tiene fundamento ya que bajo la actual coyuntura estaríamos “trabajando pal inglés”.

Quedaría el reto de profundizar la campaña y convertir el apoyo popular en un saldo positivo enfocándose en un amplio contexto de organización colectiva y proactiva, creando comisiones permanentes y representativas de todos los sectores de la educación pública que asuman e impongan su participación en contraloría y supervisión.

Sólo a través de la democracia participativa se puede garantizar que los fondos públicos sean utilizados de forma proporcional a las necesidades de los estudiantes.

La campaña por el 4% debe profundizase y convertirse en un plan a largo plazo, que primeramente busque empoderar a sus actores, que su medio sea la implementación de mecanismos de participación y contraloría, y cuyo objetivo sea potenciar la calidad y la inversión en el sector educación.

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