La mayor violencia: el transporte público
Hay una frase que utilizo hace más de una década los hombres de este país se acabaron y tal vez las mujeres, le di vida estas palabras, cuando comencé a observar los abusos de la banda de delincuentes que opera en las calles de nuestro país y que es más evidente en el centro de la capital a la vista gorda de las autoridades.
Empresarios del transporte o sindicalistas del transporte que a propósito, pienso al igual que muchos dominicanas/os que este nombre no aplica a quienes pagan a otros delincuentes para generar violencia en nuestras calles y avenidas, para violar los derechos a sobrevivir que tienen los choferes independientes (piratas por necesidad).
Años observando varios tipos en una esquina con cara de malo y armados con tubos, bates, destornilladores y una tabla con clavos como para defenderse en una selva y, en realidad es una selva cuando bajan de su carro a un hombre a empujones sin que este pueda moverse, ni hablar. Las agresiones suceden frecuentes varias veces al día y en diferentes lugares pero, los hombres necesitan un chapulín colorado porque las autoridades no existen y ellos así lo permiten.
Hoy como siempre me ganó la impotencia, al tener que callar al ver la más vil de las cobardías, la intolerancia y la falta de democracia reflejada en la violencia de un equipo pagado para llevar a cabo este tipo de atropellos, no solo, al conductor lo es también a los pasajeros que esperan horas porque las unidades no son suficientes y se aprovechan para hacer la ruta que les conviene y a los que observan y no pueden hacer nada.
Hoy, en la Defilló casi equina 27 de Febrero a las 8:00 de la mañana en frente de todos, cuatro (4) hombres armados, se desmontaron tres y con destornilladores, le poncharon las cuatro gomas al carro de un ciudadano, y eso es de lo más normal que he visto.
A todo esto le sumamos la forma agresiva de los choferes al conducir, las muertes que han provocado y las guerras de pandillas entre sindicalistas, matando gente inocente incendiando vehículos y provocando accidentes sin importarles nada más, que su propio beneficio pero, en esta ciudad de Santo Domingo donde está la catedral primada de América cualquier cosa puede suceder cuando se trata de dinero, poder y transporte, sino pregúntele a las personalidades distinguidas del plan RENOVE.
Por eso, cuando observo un chofer del transporte público (guaguas) trato de descifrar una serie de ideas que pasan por mi mente, veo un criminal en potencia, un suicida sin educación, ni principios puedo ver un desaprensivo y/o fugitivo porque tal parece que todos estaban presos y lo sacaron a la selva con un manual de cómo sobrevivir, ya que no importa lo que hagan nada les va a suceder.
Hoy vi un hombre en un país democrático, impotente ante semejante violencia por la violación a los derechos que él como todos tenemos en nuestras calles, pasajeros que por más que se esfuercen llegarán tarde a su trabajo frenados porque cuatro delincuentes que con libertad y apoyo realizan su labor ante la permisividad de las autoridades competentes, y a ver donde está lo de competente, será para ver, observar y buscarse lo suyo?
No quiero abundar más en un tema que todos y todas conocen, que no es aburrido pero, que a nadie le importa. Todos queremos salir y llegar, la violencia en las avenidas nos limita, las pistolas, los bates y armas blancas son vistas por todos sin importar la edad. Este es el coctel de frutas que nos sirven todos los días.
¿Hasta cuando los hombres y mujeres de República Dominicana van a tolerar los abusos? No tengo la respuesta porque esos ciudadanos y ciudadanas están sentados esperando que suceda un milagro, no se atreven a ponerse de acuerdo y dejar de ser individualistas utilizando el sentido común para decir ya basta con esta vaina.