La magnífica humanidad

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David Álvarez Martín

Ya tenemos acceso a la primera Carta Encíclica de León XIV. Fechada el 15 de mayo del 2026 y publicada el 25 de mayo del 2026. El 15 de mayo se celebró el aniversario 135 de la Rerum Novarum, de León XIII, el pontífice que abrió a la Iglesia Católica a interesarse en los problemas sociales de la humanidad y que a partir de él se creó un gran fondo de textos considerados como la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

La DSI no pretende ser la ideología social de la Iglesia, por el contrario, aporta claves y valores sobre los problemas de cada época, apoyándose siempre en la dignidad de todo ser humano y la búsqueda del bien común, iluminado por las ciencias sociales.

El título de las encíclicas siempre se corresponde con las primeras palabras en latín del texto, por lo que Magnifica Humanitas corresponde al inicio del texto de León XIV: La magnífica humanidad que Dios ha creado… Cómo sé que hoy casi nadie lee, ni siquiera los que deberían hacerlo por sus responsabilidades, voy a publicar una serie de artículos sobre algunos de los acápites de Magnifica Humanista. Un detalle: las encíclicas se citan por los acápites numerados de los textos y no por sus páginas.

¿Cuál es el punto de partida de Robert Francis Prevost? La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. La humanidad (no los europeos o los gringos, no los católicos o los budistas, no los hombres o las mujeres, sino todos los seres humanos) enfrenta en la actualidad una disyuntiva de gran calado. León XIV afirma que tenemos la libertad para escoger, no es un destino ineludible, como afirman los defensores del neoliberalismo y el tecnofascismo.

¿Cuáles caminos se abren para la humanidad? Por un lado, levantar una nueva torre de Babel o en la otra dirección edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. La imagen de la torre de Babel simboliza una sociedad encaminada a desarrollar un proyecto inhumano en cuanto opuesto a la voluntad divina de que la humanidad viva en plenitud. El resultado es el caos, la confusión y por tanto el dominio de unos pocos que explotan a las mayorías. Y no es extraño que eso ocurra, ya que en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto.

La otra opción, a la que el Papa convoca, es edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Un mundo donde todos los seres humanos puedan ser libres, vivir en justicia, y construir el bien común. Habitar con Dios es la naturaleza profunda de los Evangelios: Y la Palabra se encarnó y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, la que le corresponde como Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Jn, 1:14) Por eso afirma León XIV: Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». [Gaudium et Spes, 22]

El realismo de Prevost se destaca desde este primer acápite. Frente a los que postulan un pasado mejor o un futuro peor, el texto ubica la situación actual como parte de la realidad humana en su devenir histórico. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Debemos asumir las tareas que nos tocan en el presente, aceptando con gratitud lo recibido y esforzándonos en dejar un mundo mejor para nuestros hijos y nietos.

La tarea de todos los creyentes en Cristo está bien definida, ya que en Él esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud. Trasciende este esfuerzo a los creyentes, porque tal como señala Gaudium et Spes esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible (y consecuentemente) debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.

Es desde este ángulo tan rico y abarcador que la Encíclica asume los temas de la misma. Desde la humanidad y para la humanidad.

Sobre el autor

David Álvarez Martin

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Madre.