La leche que bebemos

Los intereses de mercado hacen que la verdad aflore. Eso ocurrió recientemente con el cuestionamiento a la calidad de la leche que, de manera cotidiana, compramos y consumimos.

Vivimos en un país donde las denuncias, muchas veces ciertas, se escuchan a diario por toneladas. Hace poco representantes del sector ganadero plantearon que sólo el 20 por ciento de la leche que producen es comprada por las grandes plantas procesadoras; y que el restante 80 por ciento que se compra en el mercado como leche es “otra cosa”.

La “otra cosa” es un derivado compuesto por sueros, aceite vegetal y diversas sustancias que no son propias de la leche y que los consumidores ven que tiene el color de la leche y la pagan y la consumen, pensando que, efectivamente, es leche.

Ese fenómeno –salvo en el campo y zonas rurales con un consumo doméstico- se vive a diario en todas las ciudades grandes, donde impera el mercado de las grandes plantas procesadoras y empacadoras de leche.

¿Acaso el imperio del mercado impone un producto que nadie puede garantizar su calidad en el país? ¿Qué institución podrá asegurar a los consumidores que está pagando su dinero por un producto legítimo? ¿Podrá Proconsumidor darnos la mano de nuevo en arrojar luz sobre esta presunción? Quizá con su ayuda podríamos salir de dudas.