La irresponsabilidad es una máxima en deportes
El Parque del Este. Otra triste realidad del descuido, la desidia y total irresponsabilidad de las instalaciones de primer orden.
No tiene explicación que obras construidas a un costo multimillonario se destruyan sin que pena ni gloria.
¿Por qué ocurre esto? Sucede, porque a nadie le duele ni le importa un carajo lo que sucede con esas canchas.
Nadie entiende cómo un país pobre, depauperado, con grandes problemas básicos por resolver, que ha levantado una excelente infraestructura deportiva, la deje caer a pedazos.
A veces pienso que es mejor quedarse callado, porque ni siquiera los dirigentes deportivos que se supone deben defender esas instalaciones se atreven a decir esta boca es mía.
Y es que la mayoría son unos irresponsables en todo el sentido de la palabra. ¿Cómo es posible que pabellones de diversas disciplinas, considerados entre los mejores del área del Caribe, se estén cayendo a pedazos sin que nadie diga nada?
Cuando se ve la realidad de lo que ocurre en ese sector, a veces uno piensa que lo mejor es hacerse cómplice de toda esta vagabundería, perversidad e irresponsabilidad, y dejar que todo siga el curso de lleva, que se destruyan, que se sigan cayendo a pedazos.
Total, si ni los dolientes más cercanos se preocupan, ¿y entonces?
Si seguimos por este camino, nos llevará…