La inteligencia artificial y el mundo del trabajo

La inteligencia artificial y el mundo del trabajo

La inteligencia artificial y el mundo del trabajo

Antonio Ciriaco Cruz

En una economía capitalista, secularmente, el progreso tecnológico es el principal motor del crecimiento del PIB per cápita. Es el progreso técnico el que permite que la producción aumente más rápido que los factores trabajo y capital, provocando lo que decía el economista austríaco Joseph Schumpeter: “una destrucción creativa”.

En estos tiempos en que penetran al tejido social y empresarial nuevas tecnologías emergentes, como la “inteligencia artificial”, es propicio reflexionar un poco sobre esta tecnología y su posible impacto en el mundo del trabajo.

La inteligencia artificial (IA) es la capacidad de una máquina de aprender a completar tareas sin instrucciones humanas explícitas.

Es al matemático británico Alan Turing que se le atribuye el desarrollo de la idea de inteligencia artificial, aunque fue el profesor de Stanford, John McCarthy, el primero en utilizar el término “inteligencia artificial”, describiéndola como “hacer que una máquina se comporte de una manera que se consideraría inteligente si un humano se comportara así”.

La IA debería ser bienvenida por sus potenciales beneficios económicos. Sin embargo, esos beneficios económicos no necesariamente se distribuirán uniformemente en toda la sociedad. Si bien la IA puede mejorar la velocidad, la calidad y el costo de los bienes y servicios disponibles, también puede destruir o desplazar un gran número de empleos.

Ya los impactos de las tecnologías de la automatización se están sintiendo en las economías en todo el mundo. Por ejemplo, el número mundial de robots industriales a precios razonables que pueden funcionar todo el día sin interrupción se ha incrementado en los últimos años, haciéndolos altamente competitivos en costos con el trabajo humano.

En definitiva, las investigaciones más recientes destacan algunas tendencias relevantes, a saber: la escala de los empleos amenazados durante la próxima década oscilará entre el 9 % y 47 %, y los empleos amenazados por la automatización estarán concentrados entre los trabajadores peor pagados y menos calificados. De manera que, más que una prosperidad compartida, nos espera más concentración del poder y una mayor desigualdad de la riqueza.



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