La impostergable generación del disenso

La impostergable generación del disenso

La impostergable generación del disenso

José Mármol

Las catástrofes ocurren cuando los peligros asaltan la escena para volverse acontecimientos. La polarización política de la sociedad es un peligro al que, casi siempre, poco faltaría para convertirse en desastre.

Lo que ha venido aconteciendo en los torneos electorales recientes de Latinoamérica y Europa, además del particular caso de las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, respecto de la polarización entre el extremismo conservador y las fuerzas progresistas o liberales, algo que trasciende el paradigma convencional derecha contra izquierda, representa, dicho sin ambages, un escenario paradójico de la democracia que pone en delicado peligro la supervivencia de la democracia misma. Parecería el choque de dos grandes consensos.

Pero, no.
El hecho se debe a una rígida bidimensionalidad. Es decir, a la confrontación de dos posturas, cada una de ellas unidimensional en sí misma, sin dejar intersticios de diversidad ni de un lado ni del otro. Una unidimensionalidad suturada, compactada, homogeneizada por una degradación ideológica devenida en odio, intolerancia, ceguera, déficit discursivo, indignación, ira o violencia.

Se trata de consensos controlados, manipulados y homologados como posturas únicas que, en algún momento se presentaron como disensos, pero su propio desgaste les ha convertido en herramientas del poder establecido y ya no resortes contra el poder.

Esa compacidad que impera en cada uno de los polos enfrentados es en sí misma la expresión de un grado cero del disenso, en tanto que libre actitud o determinación individual. Y este es, precisamente, el mayor de los riesgos, el más catastrófico de los peligros para la institucionalidad democrática.

En el rechazo del disenso, que crea las condiciones para el espejismo de la división 50 % versus 50 % homologada y acrítica, habita el germen del absolutismo autocrático, del totalitarismo en cualquiera de sus formas execrables de cerrazón.

En la juventud, como fuerza viva de las naciones y encarnación de su futuro, está la posibilidad del nacimiento de una innovadora y disruptiva generación del disenso, cuya vocación y respeto por la esencia de la democracia dé al traste con la unidimensionalidad radical o extremista que, disfrazada de populismo derechista o izquierdista, o bien de utopía con tufo de ideologías fracasadas y fósiles, se oferta como panacea a los grandes males de la sociedad globalizada, dividiéndola en solo dos grandes espacios sociales y políticos polarizados.

Los consensos polarizados, en cuyos espacios no tiene cabida el germen iluminador y crítico del disenso, se presentan como alternativas únicas y encontradas a la sobrevivencia de la libertad, cuando en realidad podrían significar su derrota o su tumba.

Disentir significa construir, individual o colectivamente, un sentimiento que, siendo contrario al orden simbólico dominante y a los poderes fácticos unidimensionales, se transforme en desobediencia o rebelión, en tanto que sentimiento y acción de la diferencia, en un marco de pluralidad democrática legalmente constituida. El disentir procura también alcanzar un consenso.

Sin embargo, en la anatomía del consenso logrado por la nueva fuerza generacional del disenso sí han de tener espacio las manifestaciones plurales de los sentires diferentes, lo que neutralizaría la vocación única, singularista e intolerante de los conglomerados polarizados, creando de esta forma un clima de democracia y diversidad de pensamiento, más allá de los minimalismos reivindicativos de nuevo cuño o de los conformismos y las indignaciones.

El disenso, como recurso generacional dialógico, crítico e innovador encierra la posibilidad de un nuevo consenso, en la medida en que mantendría vivo el recurso de disentir y haría de la crítica el estandarte de un debate fundamentado en la racionalidad, no en dogmas ni preceptos doctrinarios. Ese libre disentir va a reforzar el espíritu democrático y una nueva conciencia generacional más proclive a la paz.



José Mármol