¡La importancia del bien sembrar!

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Mayra de Peña

En estos tiempos tormentosos en que nos ha tocado vivir, nos llenamos de ansiedad frente a la inversión de valores, la falta de ética y ante un marcado alejamiento de los fundamentos cristianos que evidencia la sociedad; esto en lo referente a nuestros hijos y la incidencia de influencia antes referida, estratégicamente dirigida a través de los medios comunicacionales y a nivel general.

Pero Jesús nos dejó un mensaje en torno a esto a través de la parábola del Hijo Pródigo y dice así:

¨Un hombre tenía dos hijos y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; Allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Entonces fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Volviendo en sí, dijo: !Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, corrió, se echó sobre su cuello, y le besó. El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Traed el becerro gordo y matadlo, comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse¨.

Al leer esta parábola encontramos varios mensajes, entre los que están la importancia de sembrar los fundamentos de Dios y los valores en nuestros hijos. El hijo menor perdió la perspectiva, la vanidad, el amor al dinero y el querer vivir su vida sin limitaciones de ninguna índole lo cegó. El corazón del hijo estaba enfermo, la codicia, la altivez, el orgullo, la autosuficiencia, la inmediatez lo hicieron tomar decisiones equivocadas sin medir las consecuencias.

Al verse sin dinero y desamparado volvió en sí, y es ahí donde los valores obtenidos en casa de su padre primaron, pues no robó, prefirió apacentar cerdos, a pesar de que en su casa había vivido como un príncipe y aún, deseando las algarrobas de los cerdos, no las tomó. Su situación no fue excusa para tomar lo ajeno, él joven tenía formación de hogar y de orden espiritual. Tuvo la valentía de confesar su error, humillarse. Tomó la determinación de ir a casa de su padre y accionó en consecuencia.

El hijo pródigo no se quedó maullando su error, decidió volver a empezar, aunque esto conllevara ser siervo en casa de su padre y confesarle que se había equivocado. No se justificó, más bien aceptó sus consecuencias con valentía y decidió levantarse del polvo y lo demás está en la parábola de como su padre lo recibió.

Los valores que sembremos en nuestros hijos dan su fruto, por tanto no nos cansemos de sembrar.

No importa cuán bajo hayamos caído, Dios nos hizo sus hijos y coherederos del reino, si confesamos nuestros pecados y decidimos volver al Padre Celestial, El nos espera con los brazos abiertos y resurgiremos como el ave fénix.

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