La IA y la política

Altagracia Suriel
Altagracia Suriel

Uno de los grandes hitos de la Cuarta Revolución Industrial es el advenimiento de la inteligencia artificial que está cambiando el mundo radicalmente en las esferas cultural, social, económica y política.

Marvin Minksy define la inteligencia artificial como la ciencia de hacer que las máquinas hagan cosas que requerirían inteligencia si fueran hechas por hombres. Con la IA estamos viendo como progresivamente el poder de las máquinas está sustituyendo el ingenio humano. Lo que una persona hacía en una semana o en un mes, un robot lo hace en un segundo.

La IA ha permeado lo cotidiano de una forma tal que sus usos se han hecho omnipresentes. Desde la sistematización, los buscadores de información, los asistentes virtuales que simplifican tareas cotidianas del hogar y que optimizan el tiempo hasta las aplicaciones más complejas en el campo de la medicina y la ciencia, la IA arropa cada vez más nuestras vidas con un impacto cada vez mayor.

La política, como parte de la vida humana, no es ajena a la influencia de la inteligencia artificial que ha facilitado la acción política con sus usos en el marketing político, la microsegmentación, el análisis de datos de electores y la capacidad de crear contenidos y difundirlos masivamente.
Pero con las bondades de la IA aplicadas a la política también viene su instrumentalización con sus grandes secuelas de daño para la sociedad y la ciudadanía.

Con la inteligencia artificial es más fácil viralizar las mentiras o fake news dañando reputaciones o manipulando la realidad en contra de oponentes en contiendas que no presentan a los ciudadanos la verdad, sino deepfakes o escenarios irreales que son capitalizados electoralmente de forma inescrupulosa y al margen de la ética.

Con la IA también se pueden amplificar también los discursos de odios y la polarización con una segmentación social extrema que puede debilitar la confianza en las instituciones, la cohesión social y hasta la democracia.

El potencial de daño de la inteligencia artificial mal aplicada ya es objeto de alta preocupación en muchos niveles. Warren Buffett y Elon Musk han asociado los peligros de la IA a las armas nucleares con su poder de destrucción masiva. Se ha desatado el genio de la lámpara de Aladino. Un genio que puede conceder deseos, pero también traer desgracias impredecibles.