La Guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán: Petróleo en llamas

Samuel Matos Emenegildo-columnista

Por: Samuel Matos Emenegildo

Estados Unidos de América e Israel han iniciado una ofensiva militar contra la República Islámica de Irán. Aún no se conocen todos los objetivos de esta acción armada, cuya planeación, seguro implicó operaciones de inteligencia y espionaje que conllevaron meses (o quizás años) antes de la primera ráfaga el pasado sábado 28 de febrero de 2026. Revisando la historia tras el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, es la primera vez que Estados Unidos ataca militarmente, de forma directa, territorio iraní, país con el que ha mantenido una relación antagónica constante, al igual que Israel, a partir del triunfo la revolución islámica el 11 de febrero de 1979, que derrocó al sah Mohammad Reza Pahlavi y permitió el ascenso al poder del ayatolá Ruhollah Jomeini, quien inició un régimen teocrático en Irán, teniendo como base la rama chiita de la religión islámica.

Concentrándonos en la realidad presente, 47 años después, la zona del Medio Oriente se encuentra en pleno intercambio de bombardeos y lanzamientos de misiles, situación que no es nada extraña. Analizaré el contexto general del actual conflicto y algunos impactos a corto plazo que pueden afectar, incluso, a nuestra República Dominicana, en una época en la que nada es tan distante como parece.

Irán posee reservas de petróleo por alrededor de 208,000 millones de barriles de crudo, sólo superado por Venezuela y Arabia Saudita (en ese orden), según datos de la OPEC. Por razones diversas, su producción diaria está oscilando entre 2 y 3 millones de barriles diarios de petróleo (mbp), cantidad importante, pero no tan considerable (menos de 3%) respecto a la demanda mundial de crudo, que según la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés) oscila en la actualidad entre 103 y 104 mbp. Sin embargo, su control de la parte norte del Estrecho de Ormuz (zona marítima por la que transita alrededor de una quinta parte del crudo mundial), le concede un rol de protagonismo respecto a posibles afectaciones en las vías de suministro. Su comercio de crudo se caracteriza por la clandestinidad, debido a las sanciones internacionales impuestas por su programa nuclear de enriquecimiento de uranio, confirmado por expertos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés) de la ONU.

Al igual que otros países del Medio Oriente, Irán es una economía petrolera: prácticamente todo gira en torno a esa industria y al gas natural. Tiene una superficie aproximada de 1,648,195 Km² (alrededor de 34 veces el territorio dominicano). En sentido general, el crudo iraní es de tipo ligero (light) y de calidad media, de alta cotización en los mercados internacionales. Es utilizado fundamentalmente para la la producción de gasolina y otros derivados ligeros. El principal cliente de su petróleo es China.

El presente conflicto llega en un momento interno bastante adverso para Irán: descontento social, protestas estudiantiles y de la población en sentido general, alta inflación, desempleo crónico persistente y serios cuestionamientos sobre violaciones a los derechos humanos, y, muy especialmente, maltratos contra las mujeres y niñas. En el contexto regional, su situación no es muy favorable: Arabia Saudita, su rival más fuerte y de mayor peso en la zona, está alineado con Estados Unidos y lo mismo puede decirse de Jordania, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait e incluso, Siria, otrora aliado. Preliminarmente las potencias europeas Francia Alemania y Reino Unido se muestran del la estadounidense e israelí. Por otro lado, el apoyo que Irán puede recibir de Rusia y China, en este momento, también está muy condicionado por diversos factores estratégicos.

Militarmente, Estados Unidos e Israel no deben tener grandes inconvenientes para derrotar a Irán. Sin embargo, la clave será lograr un acuerdo con la actual cúpula que gobierna esta república chiita, tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei, (quien sucedió a Jomeini luego de su muerte en 1989) y procurar neutralizar el radio de acción de los diversos grupos de resistencia proiraníes, que incluyen el partido-milicia chiíta libanés Hezbolá y las milicias de tres grupos, considerados, (al igual que Hezbolá) como grupos terroristas, que han cometido diversos atentados: hutíes de Yemen, chiitas de Irak y palestinas de Hamás. Si eso ocurre, el panorama se puede tornar favorable y el conflicto llegar pronto a su fin. Esto puede, incluso, abrir las puertas a un cambio político en territorio iraní que permita un aumento en su producción petrolera.

Económicamente, las principales consecuencias del conflicto a corto plazo, son: incrementos en los precios de los diferentes tipos de petróleo y sus derivados, en los alimentos, como consecuencia de mayores fletes de transportación y aumentos de insumos como fertilizantes, encarecimiento de pasajes aéreos y disminución de flujos turísticos, en algunos casos por seguridad y en otros por precio. En ese escenario, es previsible que el crédito se encarezca, como resultado natural de un aumento de las tasas de interés y también que se produzcan contracciones temporales en producto interior bruto (PIB) de muchos países.

Las autoridades dominicanas deben seguir muy de cerca estos acontecimientos en el antiguo Imperio Persa y desarrollar campañas de ahorro de combustibles, ya que es muy probable que esos incrementos nos afecten. La preparación y el estilo de vida acorde a las restricciones, son armas muy valiosas en contextos como el presente.