La grandeza de Hipólito, un triunfo de la democracia
Esta es una página de esas que su autor da vueltas y vacila mucho para escribir, pero el merito, como cualquier propiedad privada, es de su dueño y no me adorna la ambición de ser mezquino.
Ser un hombre de éxito, conlleva a tener la cabeza visible para que muchos francotiradores de la miseria humana apunten, objeto prioritario de cazadores que, quisieran efectivamente dar en el blanco.
Se puede decir que todos conocemos a Hipólito, que su espontaneidad proverbial es virtud que lo aproxima a las grandes mayorías. Esa cualidad se problematiza porque le es urticante a intelectualoides y a narices paradas que lo abominan. Pero Hipólito es un fenómeno sobre el que las páginas mejores faltan por escribirse. Se podría decir que falló en ser el papá de todos dominicanos y que probablemente nunca lo sea, pero nadie puede regatearle ser el padre de su partido, para mantener la primacía de número uno, mediante el vertiginoso ascenso, en el arsenal de votos para la organización.
Ver a Hipólito en el discurso de cierre del proceso post-eleccionario, es ver a un hombre responsable, agobiado por una realidad indeseada, donde impone su fuerte carácter, para frenar una potencial gangrena de imprevisible consecuencias. Cuando un dirigente asume este rol, arriesga mucho, en su núcleo interno, en gente que sus falsas expectativas se quedan en ascua a mitad del camino, y frente a las masas que siempre aspiran al clímax y hasta a la borrachera, para brincar y experimentar el éxtasis, que cuando es colectivo, esas emociones pueden llegar hasta la locura social.
Un hombre con la capacidad y vocación de poder que muchos no han valorado, jamás reaccionará como una caña movida por el viento, ni con planteamientos veleidosos y genuflexos. Persona de carácter que muchos juzgan por ciertas reacciones pero, cuya reciedumbre es en granito cristalizado, jamás se dejaría llevar por la emoción de coyuntura, sentimiento pasajero, volátil y ligero, al que nunca se ha sumado.
Hipólito, una persona a la que todo le ha costado mucho trabajo y gran esfuerzo, su profesión base es la agronomía, donde los procesos de mejora son continuos, en los rubros, el tiempo es tu mejor y peor aliado, la celebración es mínima, la degeneración rápida, de ahí la paciencia y el tacto para lograr cosas permanentes.
La presión sobre el es mucho mayor que la del candidato ganador, el nuevo príncipe tendrá las arcas llenas, nadie osaría incomodarlo, porque se le hará difícil prescindir de sus favores, que esperamos sean institucionales, frugales y mínimos. Este país no aguanta otra francachela como la del pasado torneo electoral, que no es nueva, solo la misma de siempre.
En un universo de cuatro millones y medio de votantes, obtener más de dos millones de votos a favor, no es paja de coco. Esa campaña interminable, donde nadie puede computar lo que se gasta, ni saber quien, o de donde vinieron los fondos, debe ocurrir en una sociedad demente. Los que ganan y los otros (Porque ninguno son perdedores), no saben a quién le deben, la deuda es tanta que talvez sería mejor dejarlo así. ¿Por Dios, en que es que es que estamos metidos? ¡Este escenario es inaguantable para una democracia!
Esa es la grandeza a que me refiero, una campaña desenfrenada, unos inversionistas invisibles y desconocidos y un tremendismo mediático sin límite, no es poca cosa, pero Hipólito supo crecerse, ponerse a la altura del peligro y desinflado.
Un galón de agua proporciona 250 galones de vapor, medio océano estaba en vapor, pero un líder se sobrepone al montón de arena, solidifica bases y sin quemarse, sin quemar a nadie, sin que una gota de sangre deje de correr por su cauce normal, todo vuelve a la paz, a la reflexión y al control, que auto gestionan sus palabras. Así le enseño ese gigante de la democracia, el más grande líder y animador político popular, Dr. José Francisco Peña Gómez, Maestro de Hipólito y de todo el pueblo dominicano.
Así también llegará la paz a ese partido y la democracia nuestra, de seguro, será algo más grande y fuerte, para canalizar el bienestar de todos.