La gran revolución
Estamos, los dominicanos, en medio de una formidable, aunque silenciosa, revolución, de la cual la mayoría de nosotros no se da cuenta.
No se trata de una revolución política, ni mucho menos. Tampoco es una revolución de carácter económico. Es, sencillamente, el esperado y necesario cambio que se está operando en el enfoque teórico y la aplicación práctica del tema penitenciario en este país.
Los tradicionales infiernos que han sido siempre las cárceles dominicanas, antítesis de los centros de rehabilitación social que se supone deben ser en cualquier parte del mundo, están siendo sustituidos poco a poco, pero eficientemente, por dignos establecimientos en donde los internos expían sus culpas, ciertamente, pero sin sufrir abusos excesivos o malos tratos, sino recibiendo en cambio enseñanzas de oficios y valores que les encauzarán por caminos correctos cuando acaben de cumplir sus penalizaciones.
Quedan todavía no pocos infiernos del sistema antiguo, que siguen siendo vergüenza y escarnio para nuestra sociedad. Pero son visibles los logros alcanzados hasta ahora en los diez centros modelos que ya están funcionando en otras tantas provincias, en un ambiente de disciplina, higiene, seguridad, buena conducta, estudios y transparencia, como nunca habíamos soñado ver.
Cabe felicitar, de manera principal, a los motores de estas transformaciones, comenzando por el procurador general de la República, doctor Radhamés Jiménez; el coordinador del Modelo de Gestión Penitenciaria, doctor Roberto Santana; y el director general de Prisiones, mayor general Manuel de Jesús Pérez Sánchez; así como al personal, expresamente entrenado para ello, encargado de cada detalle para el buen funcionamiento de esos centros.
Es imposible ponderar a cabalidad, en tan poco espacio, las excelencias de la gestión penitenciaria que se lleva a cabo. Pero no podemos dejar de elevar un grito a las máximas instancias del país para que no dejen solos a los hombres y mujeres involucrados en esta gran revolución. Llevarla a feliz término es una obligación de todos.