Hace unos días tuve la oportunidad, gracias a una invitación de la Embajada de los Estados Unidos en República Dominicana, de participar en una interesante conversación con Malachi Hernández, emprendedor tecnológico y fundador de Ipelint. Malachi trabaja precisamente en la intersección de tres temas que considero fundamentales para el futuro: inteligencia artificial, emprendimiento y propiedad intelectual.
Su empresa desarrolla herramientas basadas en IA que permiten a firmas de abogados y empresas analizar información relacionada con propiedad intelectual y optimizar procesos asociados a la gestión de patentes.
Luego de su exposición tuve la oportunidad de conversar con él y hacerle varias preguntas sobre su emprendimiento. La conversación me dejó reflexionando sobre algo que frecuentemente olvidamos cuando hablamos de inteligencia artificial: innovar no solamente consiste en crear; también debemos aprender a proteger lo que creamos. La IA está reduciendo dramáticamente las barreras para desarrollar nuevos productos, escribir código, investigar, diseñar y transformar ideas en soluciones.
Esto significa que probablemente veremos una explosión de innovación y emprendimiento durante los próximos años. Las cifras ya muestran la magnitud de dicha realidad ya que, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), las solicitudes de patentes alcanzaron un récord de 3.7 millones en 2024, un crecimiento de 4.9 % en apenas un año.
Pero también aumentará la necesidad de comprender mejor las patentes, marcas, derechos de autor y demás mecanismos de propiedad intelectual. Para República Dominicana esto representa una gran oportunidad. Necesitamos que nuestros jóvenes no solamente aprendan programación, inteligencia artificial y emprendimiento.
Debemos enseñarles también cómo convertir una buena idea en un activo intelectual capaz de generar valor económico. La próxima gran empresa tecnológica dominicana podría comenzar simplemente con una buena idea. Pero tendremos que aprender a crearla, desarrollarla, escalarla y, también, protegerla.
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