La factura llega completa, la electricidad no

José Miguel de la Rosa
José Miguel de la Rosa.

El creciente aumento de la demanda energética puede servir como explicación técnica de los apagones que en los últimos días han vuelto a sembrar inquietud en amplios sectores de la población. Sin embargo, una explicación no puede convertirse en una excusa.

Es cierto que durante el verano el consumo eléctrico aumenta por las altas temperaturas y que la demanda alcanzó la semana pasada un récord superior a los 4,277 megavatios, según informó el ministro de Energía y Minas, Joel Santos. Es un dato importante para los especialistas, pero irrelevante para la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Al usuario no le interesa cuántos megavatios consume el país ni las complejidades del sistema eléctrico. Lo único que sabe es si al llegar a su casa hay electricidad o si tendrá que soportar otro apagón. Y quien paga puntualmente su factura que, además, suele incrementarse durante estos meses por el mayor uso de abanicos y aire acondicionado, tiene razones de sobra para exigir un servicio continuo y de calidad.

Hace apenas unos días, el presidente del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), Celso Marranzini, aclaró que no se trata de apagones, sino de "sobrecargas en la red". La precisión técnica puede ser correcta, pero resulta completamente insuficiente para quien permanece horas sin energía.

Porque, al final, cambiarle el nombre al problema no elimina sus consecuencias. El comerciante pierde ventas, el estudiante interrumpe sus tareas, los alimentos se dañan, los equipos se averían y las familias soportan temperaturas sofocantes sin electricidad. Para el ciudadano, un apagón seguirá siendo un apagón, aunque se le llame sobrecarga, desconexión preventiva o gestión de la demanda.

Lo más preocupante es que el calor extremo, combinado con interrupciones cada vez más prolongadas, comienza a generar un ambiente de frustración que puede traducirse en protestas sociales. Y ese es un escenario que el país no debería volver a vivir. Los apagones fueron durante décadas uno de los mayores símbolos del atraso del sistema eléctrico dominicano. Convertirlos nuevamente en parte de la cotidianidad sería un retroceso injustificable.

La ciudadanía no espera discursos ni debates semánticos. Espera un servicio por el que paga cada mes.

Sobre el autor

José Miguel de la Rosa

Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 años de experiencia en el ejercicio periodístico, con cobertura en fuentes clave como el Palacio Nacional, Congreso Nacional, Junta Central Electoral (JCE), justicia, educación, política, policiales, temas comunitarios y económicos, entre otros. Ad...