La educación en artes - El Día Columnas

La educación en artes

La educación en artes

David Álvarez Martín

Todo el que ha vivido en países de Europa, en Canadá o en las comunidades anglosajonas de Estados Unidos, descubre que casi todos los jóvenes y adultos que han completado un bachillerato tienen excelentes habilidades en alguna o varias expresiones artísticas como la música, el canto, la pintura, el teatro y hasta la escultura. Y esto es evidente en veladas familiares, reuniones de amistades y en las iglesias -católicas y protestantes- donde existen coros y es común que tengan encuentros con obras de teatro a cargo de los miembros de las comunidades eclesiales. Al ser la mayoría de ellos educados en diversas expresiones de arte se nota la sensibilidad general hacia lo estético en esas sociedades.

Con la tanda extendida se esperaba que el énfasis en las artes se extendiese, pero muchos problemas ocurren para su realización. Por supuesto hablo fuera de la situación especial que vivimos con la pandemia.

Existe un bachillerato en Artes y es deseable que en todas las modalidades de bachillerato y formación técnica los jóvenes se eduquen en una o dos expresiones artísticas.

Un testimonio valiosísimo fue la vez que vi ensayar una orquesta sinfónica de niños y jóvenes del sector público que en menos de un años dominaban sus instrumentos musicales, eso con el patrocino de Fe y Alegría. He visto obras de teatro escritas, dirigidas y actuadas por chicos y chicas que no llevaban más que meses aprendiendo como hacerlo y ensayando. La ejecución de un instrumento musical y las competencias para actuar en obras de teatro tiene un efecto muy poderoso en la inteligencia y madurez de los estudiantes. Es posible, deseable y necesario que todo el que se gradúe de bachiller tenga esas competencias, al igual que el dominio de un área tecnológica.

Salvo algunos centros escolares públicos, usualmente dirigidos por congregaciones religiosas católicas, en una gran parte del sistema estatal de enseñanza los docentes de artes son considerados como profesionales de segundo nivel.  El invento de nombrar “monitores” ha convertido a excelentes profesores y profesoras de artes en docentes de menor estima y mucho menor salario que los que enseñan matemáticas, ciencias y la lengua materna.

Los prejuicios en las mentes de directores de algunas escuelas y funcionarios del MINERD han conducido a tan penosa situación. Los estudiantes pierden la oportunidad de aprender arte y muchos de los profesores de arte tienen que aceptar salarios de hambre o ser marginados frente a sus colegas de otras disciplinas.

La educación artística en todo el sistema escolar -público y privado- y en todos los niveles debe contar con contrataciones decentes para sus docentes, con recursos adecuados para el aprendizaje y con una intensa campaña de reconocer la valía de esa área disciplinar en la formación de los futuros adultos.

Se deben convocar a nivel provincial y nacional concursos escolares de coros y obras de teatro para estimular el incremento de la calidad entre los estudiantes en las artes, sobre todo en las que demanda coordinación grupal. Hay que elevar los salarios de los “monitores” y formalizar sus contratos como los del resto de los docentes, por supuesto demostrando cada uno de ellos sus capacidades en las áreas que enseñan.

En los sistemas escolares de los países del primer mundo las escuelas se sienten orgullosas de sus equipos deportivos y de sus grupos musicales y de teatro.

Muchas familias ubican a sus hijos en determinadas escuelas tomando en cuenta esos factores. Y por supuesto los estudiantes se esfuerzan en destacarse en las mismas para ganar becas en las universidades.

Ese sistema debe imponerse aquí si efectivamente queremos hacer cambios significativos en las próximas generaciones de dominicanos y dominicanas.

El currículo de todo el sistema escolar preuniversitario ha de darle importancia a la formación en matemáticas, lengua materna, al menos una lengua extranjera, ciencias básicas, ciencias sociales, programación y artes.

El resto siempre puede ser opcional, pero esas 7 áreas deben ser la parte fuerte y a la que más tiempo se le debe dedicar en la formación de nuestros niños, niñas y adolescentes. Esto es válido incluso para los bachilleratos técnicos.



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David Álvarez Martin

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