Bloomberg News.-Esta es la última de una larga lista de amenazas a la economía europea: la guardia fronteriza.
Los oficiales daneses que esta semana revisan los documentos de viaje en la frontera con Alemania no se proponen obstaculizar el comercio o el turismo; tienen órdenes de políticos que se afanan por detener el flujo de refugiados.
Aun así, los analistas están empezando a preocuparse de lo que podría pasarle a una región ya acuciada por problemas cuando la libre circulación de las personas sea puesta en duda.
Al igual que el euro, la moneda única que usan 19 de los 28 países de la Unión Europea, el Acuerdo de Schengen desde hace mucho es presentado por los políticos como el pilar irrevocable de una unión multinacional que permite viajar libremente entre los estados por negocios o por placer.
De modo que, con una recuperación todavía frágil y en momentos en que la política monetaria se ha visto forzada para tratar de evitar la deflación y las empresas postergan las inversiones, la simple amenaza de que Schengen quede sin efecto podría ser difícil de pasar por alto.
“Si Schengen se desintegrara con la crisis de los inmigrantes, sería una señal desastrosa para los mercados: el proyecto europeo se consideraría reversible”, dijo WolfangoPiccoli, director gerente de TeneoIntelligence en Londres.
“Nadie podría culpar a los inversores si, con ese telón de fondo, de pronto empiezan a reevaluar la confiabilidad de las promesas hechas por las instituciones europeas en la crisis de la zona euro”.
La UE dice que los europeos realizan más de 1,250 millones de viajes anuales dentro de la zona Schengen, que abarca 26 países, desde el mar de Barentshasta el este del Mediterráneo. También comprende a países como Islandia y Noruega que no son parte de la UE.
Firmado en 1985, el acuerdo de Schengen entró en vigencia diez años más tarde. En épocas normales, significa que los viajeros de dentro del bloque no deben someterse a controles fronterizos y que los ciudadanos de fuera de él que tienen visa para un país usualmente pueden viajar sin restricciones a todos.
Pero estos no son tiempos normales y ahora el edificio de los viajes despreocupados por todo el continente se está resquebrajando.
Durante 2015, la llegada de personas que huían de las guerras y las persecuciones en Asia, África y Oriente Medio superó el millón, lo que provocó tensiones políticas y un debate público sobre cómo, y dónde, instalar a los recién llegados.
Los controles fronterizos temporales “naturalmente plantean el peligro” de debilitar el Acuerdo de Schengen, dijo el jueves en Berlín la canciller alemana Angela Merkel. “Debe hacerse todo lo posible” para preservar el Acuerdo de Schengen, que es a la vez el símbolo de una Europa que crece junta y un factor económico, señaló en una conferencia de prensa.
Poner en duda Schengen puede atentar contra una de las formas en que Europa trata de sacar el mejor partido de su mosaico de sistemas económicos y culturales, según Marc Ostwald, analista de ADM Investor Services International en Londres.
“La libertad de movimiento, y sobre todo de la mano de obra, que en principio es aquello de lo que trata Schengen, es importante principalmente por el potencial para maximizar los beneficios de la reserva de talento de la UE”, señaló.