La dictadura de la Ley

Tanto se ha manoseado la frase de “la dictadura de la Ley”, que ya nadie le pone atención.

En medio de la palabrería política salpicada de clichés que se repiten una y otra vez sin un ápice de convicción por quienes los usan, los principios éticos están en el suelo.

No podemos cansarnos, sin embargo, de dar pellizcos a la conciencia nacional y de insistir en la perentoria necesidad de ajustarnos todos a las reglas legales que hemos adoptado en el papel, pero que no cumplimos en nuestras acciones.

Tenemos leyes casi para todo, en materia de legislación podría decirse que todo está previsto.

Lástima que tantos y tantos conciudadanos piensen, plenamente convencidos, que el camino de la ilegalidad es más corto, más cómodo y más rentable, y que aquí “todo se arregla” y todo se olvida.

Esa dura realidad se aplica a lo grande y a lo pequeño, a la simple contravención de tránsito como al crimen espeluznante, al fraude colosal y a la mentira fabulosa.

Pero no todo está perdido.

Aunque no lo parezca, todavía quedan reservas morales en la República Dominicana, aunque se requiere, eso sí, que se aplique la dictadura de la Ley. Sin contemplaciones. Sin amigos ni enemigos. Sin consideraciones partidarias. Desde arriba y hasta abajo.

Si de verdad queremos hacerlo, se puede.