Santo Domingo.-Que una enfermedad haya dejado de ser frecuente no significa que haya desaparecido, ya que detrás de muchos de esos avances están décadas de vacunación, pero especialistas advierten que las brechas de cobertura y la circulación de información falsa pueden poner en riesgo parte de lo alcanzado.
En América Latina, alrededor de 1.5 millones de niños no recibieron ninguna vacuna en 2025, según explicó el doctor José Brea del Castillo, asesor de la Sociedad Dominicana de Vacunología.
A esto se suman los que tienen esquemas incompletos y poblaciones vulnerables o con dificultades para acceder a los servicios de inmunización.
Brea advierte que estas brechas representan una amenaza ante enfermedades inmunoprevenibles y señala la necesidad de que cada país identifique dónde están sus principales debilidades.

Entre las herramientas que considera prioritarias figura contar con un registro nominal de vacunación, que permita saber quién necesita completar su esquema y dónde deben concentrarse los esfuerzos.
Confianza en juego
El acceso a las vacunas, sin embargo, es solo una parte del desafío, afirma, “la otra es conseguir que las personas confíen en ellas en un escenario donde redes sociales, foros y otras plataformas multiplican contenidos de calidad muy desigual”.
El médico epidemiólogo Manuel Colomé explicó que un estudio sobre confianza en las vacunas en República Dominicana situó el índice general en 86.9 %.
Para Colomé, uno de los problemas aparece cuando las personas buscan contenidos en internet y no consiguen diferenciar una fuente confiable de otra que difunde información falsa.
Mito que permanece
Un ejemplo de la capacidad de supervivencia de la desinformación es la supuesta relación entre la vacuna triple viral, contra sarampión, rubéola y paperas, y el autismo.
El doctor Marcos Díaz, presidente de la Sociedad Dominicana de Vacunología y director de la Escuela de Medicina de la PUCMM, recordó que la afirmación se originó en una publicación de 1998 que posteriormente fue desacreditada por falta de sustento científico.
Estudios posteriores y sociedades médico-científicas no han encontrado una relación entre esta vacuna y el autismo. Para Díaz, combatir ese tipo de información exige algo más que decirle al paciente que está equivocado.
El profesional sanitario debe escuchar sus temores, responder con argumentos y ayudarlo a verificar la información que recibe. “Con respeto y atención”, resume el especialista al explicar cómo deben abordarse las dudas de padres y pacientes.
Su recomendación es orientar, no imponer, y estimular la consulta de fuentes confiables.
Indica que cuando una enfermedad prevenible deja de verse durante años puede surgir la percepción de que ya no representa una amenaza, pero esa ausencia es, precisamente, uno de los resultados de la prevención.
Afirma que el desafío es localizar a quienes faltan, completar esquemas y recuperar coberturas.
Jornada
— Los desafíos
Los especialistas abordaron estos desafíos en la cuarta Jornada de Buenas Prácticas y Actualización en Inmunizaciones, realizada por Bionuclear y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).