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La cuestión migratoria

Nassef Perdomo Cordero Por Nassef Perdomo Cordero
La cuestión migratoria
📷 Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Los dominicanos nos encontramos ante un momento delicado. Incapaces de sustraernos a las tendencias mundiales, hoy el tema de la migración se discute en un ambiente caldeado. Incluso más de lo que es usual para nosotros.

Es previsible, aunque no inevitable, que esto nos lleve a un punto en el que la violencia no se descarte. Por eso, es necesario aprovechar que todavía somos capaces de discutir el tema en forma ordenada y pacífica.

De entrada, tenemos que partir de una premisa en la que todos (o casi todos) estamos de acuerdo: Es necesario que el país ordene su sistema migratorio.

Sin este paso previo no será posible aplicar ninguna política migratoria, sea en el sentido que sea.

El caos que reina en la actualidad sólo beneficia a unos pocos y perjudica a la mayoría, incluyendo los inmigrantes documentados e indocumentados presentes en el país.

República Dominicana, como cualquier país, tiene el derecho y el deber de ordenar sus políticas públicas para beneficio del colectivo. Eso incluye las políticas migratorias. En lo que se puede disentir es en cuáles son los énfasis de estas, pero siempre reconociendo ese hecho fundamental.

Las discusiones sobre qué es realista, conveniente y practicable serán fructíferas sólo en ese contexto. Pero es absolutamente necesario que las tengamos porque la situación actual se hace insostenible. La migración es un fenómeno universal del que los dominicanos somos partícipes, y toda persona —independientemente de su estado— tiene derecho a ser tratada con dignidad. Esto es perfectamente compatible con la afirmación de que los Estados tienen derecho a regular quién entra a su territorio, y las condiciones en que lo hace.

Planteado así, sólo unos cuantos extremistas a la izquierda y a la derecha quedarían fuera del diálogo, mientras el resto de los dominicanos podríamos llegar a un acuerdo imperfecto, pero razonable.

No podemos desperdiciar el momento ni distraernos en contiendas impulsadas por quienes desean pescar en río revuelto. Lograr un acuerdo nacional sobre la migración que sea producto de un verdadero consenso es responsabilidad y necesidad de todos. No posterguemos lo urgente.

Si no asumimos esa responsabilidad por el bien común, habrá quien lo aproveche para beneficio propio.

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