La crisis hípica
No hay que ser asiduo al hipódromo para saber que allí existe una crisis que sacude sus estructuras administrativas y operacionales.
La muerte del jinete Miguel Sánchez, en cierta forma, es una "infeliz coincidencia" fruto del desorden que impera en el Quinto Centenario.
Se armó un programa fuera de las fechas ordinarias para compensar otras carteleras dejadas de realizar y por ello nunca llegó una ambulancia que pudo ser la tabla de salvación del jockey accidentado, quien lamentablemente tuvo que se trasladado en una camioneta.
Los periodistas reportan maltrato y desconocimiento de una publicidad contratada, en Semana Santa hubo un fuerte impasse y los dueños de caballos no enviaron los ejemplares a la pista, mientras conocemos de otras irregularidades que, lógicamente, no las dejan trascender.
El lamentable deceso de Sánchez deja la amarga lección de que no se puede dejar a la casualidad el chance de salvaguardar vidas, principalmente cuando se trata de eventos de alto riesgo como la hípica.
Ese debe ser un espejo para mirarnos todos. De paso, aunque luzca ser una actividad meramente privada, en el hipódromo se mueven recursos propios del Estado que de alguna forma tienen que ver con los impuestos que pagamos todos y por ello, aunque no apostemos, no debemos estar ajenos a lo que allí se mueve.