La corrupción no está en el ADN nacional
Algunos grupos al parecer se han puesto como meta hacer ver al dominicano como lo peor de la humanidad y se equivocan.
El denominador común de este pueblo es la bonomía y el bien obrar.
No vamos a poner ningún ejemplo en particular porque a quien le interese confirmar esta afirmación solo tiene que mirar a su alrededor.
Entre nosotros han existido, existen y existirán ciudadanos que son la excepción a esta regla, como los hay en cualquier sociedad.
Se ha intentado crear una sensación de que la generalidad de los dominicanos son delincuentes o corruptos. Algunos lo hacen con la intención de justificar su mal actuar y otros con la pretención de erigirse en pontífices sociales.
Se equivoca quien plantea que el dominicano lleva la corrupción en su ADN, cuando lo que en verdad se observa es que el ciudadano promedio vive apegado a una tradición de trabajo y de honestidad.
Culturalmente se puede afirmar que el dominicano es pícaro, pero no que sea medularmente corrupto.
El puñado de depredadores del erario y los que aspiran a depredar no son representativos de la población.
Tampoco debemos dejarnos intimidar por aquellos que intentan ocultar su vocación a la intolerancia y su fascinación por las nuevas modalidades del foro público, herencia del régimen dictatorial.
No es corrupto quien trabaja en el gobierno, ni traidor quien sirve a una ONG; no es pecaminoso hacer negocios con un gobierno; recibir fondos para promover actividades cívicas no invalida sus creencias; plantear sus puntos de vistas y argumentar no lo hace merecedor de insultos.
Tan solo tiene que cuidarse de actuar apegado a las leyes, la ética y la moral.
Este país está conformado por una legión de ciudadanos que cada día labra su futuro con el sudor de su frente y que por tanto no puede sentir que vive en medio de un pantano.
