La alimentación del hogar promedio dominicano se apoya en tres o cuatro rubros alimenticios, incluidos el pan, la leche, el plátano, el huevo y la carne de pollo. A eso agregamos la estabilidad de los precios en ellos y el gas licuado de petróleo, que incide en su cocción.
No se necesita un genio a la cabeza de tres ministerios claves del país incluido Industria y Comercio- para saber que una variación, aún sea ligera, en dos o tres de estos rubros trae como consecuencia una inestabilidad económica de gran sensibilidad en la inmensa mayoría de los hogares dominicanos.
Entre otros factores debido a que hay cuarto gastos fijos: la electricidad, la vivienda, salud y la educación que están incidiendo en el sueldo y las entradas esporádicas de los dominicanos, ya que son, entre otros aspectos, las cuentas que gravitan de manera fija en la economía familiar.
Resulta halagüeño saber que a pesar de los recientes aumentos de precios registrados en la harina y otros componentes que se usan en la preparación del pan, las panaderías mantienen sin alterar el precio del tan apreciado alimento.
Esa realidad, de variar y variar drásticamente, pondría en sensible desequilibrio la economía familiar. Tomando en cuenta que nuestra economía en crisis mantiene un equilibro peligroso, con una inflación silenciosa, que carga también de manera silenciosa muchos artículos de la canasta familiar. Ojalá que pensemos más en la cocina dominicana a la hora de insistir con los aumentos de los artículos de primera necesidad.