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La búsqueda de los restos de Enriquillo reaviva memoria del primer guerrillero de América

  • Comparte con Caamaño que sus restos han quedado desaparecidos pese a búsquedas. Arqueología. Egiptólogos se suman a la búsqueda del cacique.

Santo Domingo.-El territorio dominicano ha visto nacer dos guerrilleros que han quedado como héroes en la historia de esta media isla y ambos comparten el destino de que sus restos han permanecido desparecidos, pese a numerosos esfuerzos por encontrarlos.

Esa condición une en el tiempo los destinos del cacique Enriquillo, primero que enfrentó a los colonos españoles en un alzamiento que culminó con un acuerdo de paz, con el coronel Francisco Alberto Caamaño. +El imperio español del siglo XVI no logró subyugar a Enriquillo y, finalmente, debió pactar un asentamiento para su gente en lo que hoy ocupa el poblado conocido como “Pueblo Viejo”, en Azua.
El destino final de sus restos se ha convertido en un enigma.

Enriquillo hizo de la sierra de Bahoruco su campo de batalla.
Francisco Alberto Caamaño también lideró un enfrentamiento contra el imperio de su época, Estados Unidos, sin que tampoco fuera reducido. Tuvo en Ciudad Nueva su campo de batalla.

También pactó un acuerdo de paz que puso fin a las hostilidades. Caamaño luego se fue a la montaña para convertirse en guerrillero, emulando al cacique Enriquillo, aunque en esa oportunidad, año 1973, fue vencido y asesinado. Sus restos fueron sepultados en la montaña, se estima que también en la zona de Azua, pero al igual que el cacique, sus restos no han sido encontrados.

En los años ochenta un equipo buscó los restos de Caamaño. En esa oportunidad fueron encontradas unas osamentas que se creía eran del Coronel de Abril, pero posteriores estudios de ADN determinaron que correspondían a otra persona.

Los despojos de los guerrilleros Enriquillo y Caamaño aún están desaparecidos, impidiendo que haya un lugar físico donde rendir homenajes sobre sus restos.

La búsqueda de Enriquillo
La arqueología moderna ahora ha puesto sus ojos en las ruinas de “Pueblo Viejo”, en Azua, donde un equipo internacional de expertos, liderado por la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez Nazar, se prepara para iniciar en febrero la búsqueda del legendario cacique taíno.

Enriquillo nació alrededor de 1498 en las tierras que hoy ocupan el lago que lleva su nombre y pertenecía a la nobleza del cacicazgo de Jaragua, siendo instruido por frailes franciscanos, lo que le permitió conocer tanto la cultura taína como la de los colonizadores españoles.

Entre 1519 y 1533 encabezó la más prolongada y significativa rebelión indígena contra los maltratos a los que eran sometidos los suyos en la isla de La Española, convirtiéndose en una figura central de la resistencia anticolonial en América.

A diferencia de otros intentos de resistencia, su estrategia combinó el conocimiento del terreno con la cohesión de sus seguidores en las montañas de Bahoruco. Durante años logró mantenerse infranqueable para las fuerzas coloniales, aprovechando quienes estaban lejos de dominar los agrestes paisajes de la región.

Tras catorce años de conflicto, la Corona española, incapaz de someter definitivamente a Enriquillo y su gente, optó en 1533 por negociar el tratado de paz con el que se le reconoció la libertad de los rebeldes y les otorgó tierras propias para vivir sin la intervención directa de los colonos.

Los años posteriores al tratado no están completamente documentados, y la muerte de Enriquillo en 1535 quedó envuelta en la bruma de la historia. La ubicación exacta de su tumba se perdió, lo que alimentó un misterio histórico que ha perdurado durante siglos.

En el imaginario colectivo dominicano, Enriquillo es reverenciado como el primer gran héroe indígena que retó con éxito el poder europeo en el continente. Su valor está arraigado tanto en la historia documentada como en la cultura popular y ha sido retratado en obras literarias como la novela “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, que narró esta gesta con una mezcla de historia y épica literaria.

Misión arqueológica
La actual excavación, organizada bajo el proyecto “Tras los Restos del Cacique Enriquillo”, patrocinado por la Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (Propeep) y la Fundación Macarrulla, representa una nueva etapa en el rescate de la memoria histórica.

Del 2 al 28 de febrero, un grupo de especialistas de República Dominicana, Egipto, España y otros países trabajará en las ruinas de las estructuras antiguas de Pueblo Viejo, un sitio que durante la colonización fue escenario de intensos contactos entre indígenas y europeos.

Además de Martínez Nazar, las labores contarán con la participación de la doctora egipcia Aya Salem, experta en osteología, y el arqueólogo español Antonio Guio Gómez, quienes aportarán técnicas avanzadas en excavaciones funerarias.

Un equipo multidisciplinario completado por antropólogos y arqueólogos nacionales busca que, más allá del hallazgo físico, este proyecto arroje luz sobre la vida, costumbres y contexto social de los pueblos originarios de la isla.

La arqueóloga dominicana ha ganado fama mundial buscando la tumba de la legendaria faraona egipcia Cleopatra y aunque no ha culminado esa misión, en el camino ha hecho grandes descubrimiento de la era tolemaica.

Intentos por localizar los restos del cacique habían sido emprendidos de forma esporádica durante más de medio siglo por investigadores motivados por documentos históricos y tradiciones orales, pero sin el respaldo de un esfuerzo científico concertado.

El proyecto que ahora toma forma es el primero con un enfoque arqueológico y antropológico riguroso, respaldado por las autoridades y con recursos técnicos avanzados.

Los restos de Enriquillo, al igual que los de Caamaño, siguen siendo un enigma pese a los esfuerzos por localizarlos, por lo que este intento por encontrar los restos del primer guerrillero de América renueva el interés por su legendaria figura.

Nobleza indígena

— Mencía
Se casó con la mestiza Mencía, nieta de Anacaona, pero se rebeló cuado su esposa y otros indígenas de su cacicazgo fueron sometidos a maltratos por parte de españoles encomenderos, sin que las autoridades españolas tomaran medidas.

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