La burocracia morada se come  el país

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Cuando el dolor todavía no nos concierne personalmente parece fácil reclinarse en la poltrona de la indiferencia. A menudo, el sufrimiento ajeno es una lejanía que miran de soslayos los que no se sienten responsables o afectados directos del mismo.

Cada día, sin embargo, en los medios masivos de información crecen los titulares desgarradores, las manifestaciones evidentes del fracaso total del gobierno y las instituciones responsables de velar por la gente.

Ninguna conciencia crítica puede convivir en paz con tanta desolación provocada, con tanta maldad institucionalizada. El imperativo moral acusa a la desidia y al silencio ante estos cuadros dantescos e incita a levantar la voz, a condenar, a denunciar, a exigir.

Las autoridades ya no pueden esconderse en la sombra comprada de la desinformación o la censura. La verdad como una mortífera granada ha reventado en sus manos.

Las víctimas del cólera son las mismas que las de los desbordes de los ríos, de los huracanes, de los derrumbes, de los imponderables.

La falta de servicios sanitarios, el hambre, la escasez de agua potable, los basureros, todo un entramado de impotencia que el Estado instituye y reproduce. Es la inutilidad de un sistema que gobierna para la élite o la élite inútil que gobierna.

Los políticos inservibles no pueden producir políticas que sirvan porque no tienen humanismo, ni honra, ni sensibilidad, ni voluntad, ni amor por el pueblo.

La corrupción de los burócratas no puede ser perseguida porque los órganos responsables de hacerlo son benéficos cómplices.

El derroche del erario público se refleja en los déficits del presupuesto siempre poco si se compara con la gula del dolo.

El gobierno ha gastado 16 mil millones de pesos más de lo presupuestado en el primer cuatrimestre. Lo ha hecho para seguir nombrando nuevos funcionarios y para hacer politiquería. Lo ha hecho a la luz de la quiebra de los pequeños y medianos productores de pollos, huevos, de leche, arroz, de habichuelas, de víveres….

Lo ha hecho a despecho de la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo que exigía que en vez de ese derroche se invirtieran en Educación y Salud, que bien hubieran servido para prevenir esta pandemia que se nos viene encima o para mejorar el salario de los maestros, la construcción aulas o el perfeccionamiento docente.

Eso no está en los planes de los indolentes. Basta recordar que los congresistas recortaron, en diciembre del 2010, más de 700 millones de pesos del presupuesto correspondiente a Salud y Educación para cumplir con lo acordado con el FMI.

Y ahora han aprobado un préstamo en dólares de 251 millones para el metro y bonos en el mercado local por más de 25 mil millones de pesos mientras la gente se muere impotente ante los desplantes histriónicos de un presidente que no repara en la suntuosidad de sus actos exhibicionistas.

Son las señales inequívocas de lo que será este último año de gobierno del PLD.

La burocracia morada se come el país y dos viejos buitres, continuación de lo mismo, disputan sus restos para completar el sacrificio total.

El pueblo no debe equivocarse. El cansancio morado en nada se diferencia del cansancio blanco. Las promesas de unos y otros presagian la ruta del desastre.

La ruta que ya completa 24 años de lamentable andanza, repartidos en doce y doce.

¡Hay que impedir a toda costa un paso más por el camino de la equivocación!

Senda nueva, nuevo impulso. Cambio verdadero con el pueblo al frente.

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