La cordialidad con que podrían haberse separado los caminos de Robinson Canó y los Yankees duró menos que la llama de una cerilla enun huracán.
Y es queCanó y el presidente del equipo, Randy Levine, intercambiaron envenenados dardos verbales que esfumaron cualquier arreglo.
Tanto el uno, como el otro, perdieron preciosas oportunidades de quedarse callados. Todo comenzó con las desafortunadas y nada creíbles declaraciones Canó cuando afirmó que su partida hacia los Marineros no había estado motivada por el dinero, sino porquelos Yanquis lo había tratado sin respeto.
¿Una oferta es 175 millones por siete campañas es irrespetuosa? Puede ser, según la matemática, inferior en 65 millones al contrato que consiguió de los Marineros, pero de ahí a la palabra irrespetuoso va un trecho aún mayor que la propia diferencia en dinero.