La autocracia o la democracia?

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Con motivo de un viaje reciente, que incluyó a Rusia, he leído la obra: “La tragedia de un pueblo: La Revolución Rusa 1891-1924”, del inglés Orlando Figes.

Con el apoyo de lecturas como esta pretendí maximizar mis visitas a un sinfín de lugares históricos, como el Hermitage, la Iglesia de Nuestra Señora Sobre la Sangre Derramada y muchos otros monumentos en la bella ciudad de San Petersburgo.

La historia de Rusia es una historia de autocracia, dominada durante siglos por sistemas de gobiernos autocráticos, o sea, el poder ilimitado en las manos de una sola persona. Primero fueron los zares, destacándose dentro de ellos la dinastía de los Romanov. Luego vinieron los gobiernos bolcheviques encabezados por Lenin, Trotsky, y posteriormente el terrible Stalin; hasta llegar al binomio Putin-Medvedev de hoy. De alguna manera, si lo pensamos bien, con algún rasgo parecido a la historia dominicana.

La revolución rusa ocurrió en el reinado de Nicolás II, que se caracterizó por la indecisión e indiferencia de los monarcas a las necesidades de su pueblo, y sus ineptitudes, condición esta que se reveló en la hambruna de 1898, la guerra con Japón o la masacre de 1905.

Me fue terrible observar como un país tan rico y opulento como Rusia exhibe aún hoy desigualdades tan marcadas, habiéndose sustituido a los antiguos emperadores del pasado por la actual casta política y seudo empresarial, incapaz de superar estas marcadas diferencias socioeconómicas.

Por suerte para nosotros, nuestras verdaderas autocracias parecen que terminaron con la transición balaguerista a partir de las postrimerías del régimen trujillista. Nos hemos esforzado mucho en crear este régimen democrático que exhibimos, aunque con resultados que pueden cuestionarse, como es el caso de falta de conciencia y educación ciudadana, o la ausencia de institucionalidad.

Por igual, aún adolecemos de marcadas diferencias socioeconómicas, con la existencia de una brecha demasiado grande entre los que tiene de sobra y los que poco o nada tienen.

Luchemos todos por consolidar un sistema participativo justo, basado en la educación y la solidaridad, para que en el futuro podamos disminuir las desigualdades y convivir entre una sociedad con valores reales y perdurables. La democracia sobre la autocracia, mayores oportunidades y menos diferencias socioeconómicas, aquí, en Rusia, o cualquier otra parte del mundo.

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El Día

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