A mediados de la semana pasada medios diversos informaban a la población de un asalto a una joyería en un barrio céntrico del Distrito Nacional.
Personas encapuchadas intentaron robar en el establecimiento y escaparon.
El intento falló, pero una persona de la seguridad en la joyería resultó herida de bala. Como consecuencia de las heridas debió ser hospitalizada e intervenida.
Como los asaltantes escaparon en un vehículo de motor sin placa visible, alguien pudo haber pensado que todo se había quedado hasta allí: el intento de robo, disparos hechos desde la puerta contra unos cristales y la huida.
El fin de semana, sin embargo, deparó secuencias de este suceso que no deben ser pasadas por alto, particularmente por la calidad de “los actores”, de los cuales uno de ellos resultó herido de bala, al parecer por la persona de la seguridad que evitó el ingreso a la joyería.
De acuerdo con información suministrada por la Policía el viernes pasado, las tres personas detenidas hasta ese día en relación con el hecho era gente muy joven. Uno tenía 19 años y los otros dos 20 y 21.
¿Es la juventud una limitación para entender lo que ocurre en el entorno, discriminar de manera apropiada entre el bien y el mal y hacerse cargo de los riesgos implícitos en ciertos comportamientos? La historia de la fundación de la República, con un germen en hombres de corte edad dice que no, pero el comportamiento de algunos jóvenes de estos tiempos dice que sí.
La idea de realizar el asalto tuvo lugar en un ambiente de fuertes operaciones contra el vandalismo, demostraciones de que cuando la Policía se propone dar con los maleantes la probabilidad de acierto es muy alta y, sin embargo, ocurre una y otra vez.
Por lo visto una parte de la juventud dominicana necesita una esmerada atención, no sólo del gobierno, sino de entidades o instituciones civiles, o académicas, en condiciones de trabajar la carencia de valores, o en la transformación de los que se tienen.
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