La antítesis del Rey Midas
Quien la justicia reparte no puede ser juez y parte.
La columna vertebral de nuestro sistema de gobierno es la división de los poderes.
Actualmente, el poder ejecutivo y el legislativo se encuentran en manos de un partido político, de por sí, sectario.
Esta semana podría decidirse por varios años, la suerte del poder que aún no resulta colonizado.
Se trata de un asunto sumamente delicado, pues a fuerza de decepciones, ya estamos acostumbrados a que un Presidente o un legislador hagan lo que le venga en gana.
Conformar organismos como la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional o el Electoral debe ser una tarea cuasi sagrada pues, en sus ámbitos, cada una garantiza este ápice de paz al que aún nos aferramos.
Lo que sería difícil tolerar es que personas con intereses o compromisos que opaquen su capacidad de impartir justicia sean los que hagan honor a la Diosa Temis.
Esperamos que los convocados, en su mayoría miembros de un sólo equipo, entiendan que en sus manos está depositada la convivencia serena de la sociedad expresada en la necesidad de jueces probos, capaces e imparciales para cubrir las vacantes.
Esto así porque una decisión cuestionada que vulnere preceptos constitucionales o una apreciación electoral interesada, puede llevarnos a un punto de no retorno.
Si en algo ayuda en este proceso es que tendremos aliados: el cuarto poder, el mismo que lucha ante la compra de conciencia, las amenazas y la claudicación. A éste pertenecían, Narcisazo, el suicida y el cadáver fresco de José Silvestre.
Vemos pues, que tomando en cuenta la prensa, el score anda básicamente así: de cuatro poderes, dos y medio los controla un sólo team .. y miren el resultado.
Camino a que controlen tres y medio, no tengo muchas esperanzas, sobre todo porque sé que la expresión de Pablo VI Si quieres la paz, lucha por la justicia será absorbida por la campechana El que parte y reparte le toca la mejor parte.
Peor aún, cuando quien encabeza los congregados todo lo que toca, lo transforma, pero no en oro…
Es la antítesis del Rey Midas.