La amistad

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“…comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos.” GGM

Muchas palabras se desgastan con su uso, pierden su valor. Se impone vivificarlas, alimentarlas con la savia del sentido. A demasiados llamamos amigos o amigas sin serlo. Hay familiares, colegas, vecinos, conocidos, relacionados, pero no son amigos. Con algunos nos sentimos bien, otros los admiramos, incluso nos sentimos atraídos, pero no son amigos.

Jesús, el nazareno, consideró que la más elevada relación que podía tener con los apóstoles era considerarlos sus amigos y que no existía amor más sublime que el que lleva a dar la vida por sus amigos. La amistad únicamente es posible entre pocos, porque implica tiempo y dedicación, entrega y compromiso.

Los amigos nos nutren y nos forjan, le dan dirección a nuestras vidas. La hondura y sentido de nuestra existencia se mide en gran medida por los amigos que nos acompañan. No es comprensible una vida miserable con buenos amigos.

La amistad no suple carencias, enriquece; no crea dependencia, da libertad; no nos justifica, nos reta. Los vínculos sanguíneos se nos imponen, los relacionados son puro azar, mas los amigos los escogemos y cultivamos.

La amistad siempre es de doble vía o no es amistad. Si se piensa en el matrimonio y uno no se casa con su mejor amiga o amigo está cometiendo una gran insensatez, no es soportable la vida en común, mucho menos la intimidad, sin una amistad fuerte. La pasión y el romanticismo son epocales, la amistad únicamente se salda con la muerte.

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El Día

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