La abstención
La Junta Central Electoral la estima en un 42% de la población apta para votar. Los observadores de la Organización de Estados Americanos la ubican en un 65%, o sea que, según su apreciación, mucho menos de la mitad de la gente fue a sufragar.
Notable diferencia. Pero no es necesario esforzarnos por determinar cuál de las dos estimaciones se aproxima más a la verdad, porque tanto la una como la otra son alarmantes y nos obligan a reflexionar.
¿Por qué tanta gente prefirió no ejercer su derecho al voto? ¿Acaso porque los políticos no le merecen confianza, y por lo tanto no la motivan a molestarse en acudir a los centros de votación? ¿O sería porque dejó de creer en el llamado sistema democrático?
De ser así, estaríamos creando, sin darnos cuenta, un ambiente propicio para el repentino advenimiento de un personaje carismático que usurpe todos los poderes públicos para salvar a la Patria mediante la aplicación de fórmulas autoritarias hechas y modificadas a su medida.
A eso le temo. No lo niego. Creo que, como sociedad, debemos revisarnos e interesarnos más en el desenvolvimiento institucional del país. Antes de que sea tarde.