KEITH RICHARDS habla de drogas, rock y culpas
Londres.-A tumba abierta ha escrito Keith Richards su vida: en donde habla de droga, rock, sentido de culpa, cristos memorables e insultos a Mick Jagger.
Pero también de la familia, amigos, placeres sencillos.
El guitarrista de The Rolling Stones salda sus cuentas en una cruda y sincera autobiografía que ha escrito y que ahora anda mostrándola por varios países en donde ha llegado para presentar este libro.
En el Reino Unido desde que aparecieron sus memorias bajo el título de Life, Keith Richards (Dartford, 1943), se ha mostrado muy fiel a su personaje.
Por momentos, el guitarrista de The Rolling Stones, músico salvaje a quien ni siquiera han acabado por el momento de domar sus tres nietos, parecía tan pronto iracundo como a ratos encantador.
Pero siempre directo, transparente, de vuelta de todo, poniéndose el mundo por montera cuando hablaba de su turbia relación con las drogas, de su amistad con Mick Jagger o de sus sentidos de culpa.
Así es que la pregunta que uno se hace cuando espera su turno en la antesala del hotel Meurice, en París, 45 minutos antes de la hora (aunque luego todo vaya con retraso) es cómo le encontrará.
La promoción de un libro poco tiene que ver con el circo del rock. Sus editores lo han padecido.
Ha querido viajar en jet privado, alojarse en hoteles de cinco estrellas, algo que, junto a los minutos de promoción, costean cada uno de los sellos que publican el libro por todo el mundo en España aparece como Vida (Global Reading), aunque el negocio empiece a notar los estragos de la crisis.
Autobiografía
El caso es que no decepciona. Cuando uno lee esta descarnada y abundante autobiografía escrita a medias con su amigo James Fox por la que dicen que ha cobrado casi cinco millones de euros espera encontrar la crudeza de Richards en relación a sus constantes bajadas al infierno.
Pero también le ve subir a la Tierra y a veces tocar el cielo. Sobre todo cuando se trata de la familia: su madre, sus hijos, sus mujeres y sus nietos.
No engaña a nadie, y menos a sí mismo. Igual entona un dramático mea culpa por la muerte de su hijo Tara, cuando este apenas contaba dos meses, que acusa a Mick Jagger de intentar traicionar al grupo.
Fue cuando el cantante intentó negociar, aparte de un nuevo contrato para los Stones, uno paralelo que le permitiera lanzar su carrera en solitario. No les dijo ni mu. Fue una puñalada por la espalda, escribe Richards.
En esa época se ganó el apelativo de la puta de Brenda, o su majestad, además de ridiculizarlo con otro comentarios.