Juventud improductiva

Hay instituciones gubernamentales, instancias estatales y políticos que conciben a la juventud como un sector de la sociedad vinculado exclusivamente a la escuela, a los estudios y todo lo que tenga que ver con una profesión.

En ese orden se articulan programas de incentivo a los estudios, planes de becas en escuelas y universidades del país y el extranjero, facilidades de créditos educativos y toda una suerte de ayudas sociales que estimulan el ingreso y la permanencia de miles de estudiantes en las aulas de academias superiores.

Pero qué sucede con esos cientos de miles de jóvenes una vez terminan sus estudios, cuando llega el momento de demandar un espacio en el aparato productivo no lo encuentran con la misma voluntad o el apoyo que los impulsó a coronar una carrera y hacerse profesionales en diversas áreas.

Los estudios, no importa en qué universidad se hayan diplomado, no les sirven de mucho.

Los estímulos de las instituciones del Estado, una vez salen de las universidades, no son suficientes para permitirles obtener un primer empleo.

Muchos jóvenes profesionales tienen que probar suerte con planes y acciones personales, en el campo del emprendurismo, pero no todos tienen esas habilidades.

Todavía hacen falta más y mejores políticas estatales para apoyar a la juventud a conquistar primeros empleos y nuevas plazas de trabajo.